24 marzo 2010

Entrevista a Alberto Ortiz
Meretrices (M): Estamos con Alberto Ortiz, uno de los pintores de la Ribera de Chapala, quien aparte de dedicarse a la producción plástica, a la pintura, también es un ávido estudioso de las artes y conocedor de la teoría y de la historia del arte. Alberto ¿cómo es que comienzas con este afán?

Alberto Ortiz (AO): Mira, a mí siempre me gustó mucho la pintura mexicana y siempre fui un admirador de los grandes pintores. Desde que yo estaba muy joven. Pero yo tenía mucho miedo. Alguien me decía: “¿por qué no pintas?”, no, yo solamente sé y conozco a los pintores. Tenía yo dieciocho años cuando conviví con Chávez Vega y con Gabriel Flores, que son, sobre todo Gabriel Flores, es una figura importante en la pintura mural, en la pintura expresiva de Jalisco; yo creo que después de Orozco, Gabriel Flores es un heredero de la tradición de Orozco. Siempre me ha gustado mucho la pintura. Una vez estaba yo con un pintor, me dijo: “ponte a pintar, yo te doy clases”, y empecé a estudiar pintura en la escuela de sordos. Mi amigo me entusiasmó, hice un cuadro que… hice una exposición en mi casa y ahí lo vendí. Dije, “ah, se pueden vender estas chingaderas” ah, bueno. Pero en el fondo, yo nunca he vivido de la pintura pero para mi es muy gratificante. Para mí ha sido primero el conocimiento de los pintores y después el convivir con muchos. Con algunos pintores me sentía muy gratificado, muy contento de conocerlos y entonces empecé a pintar.

M: ¿Cuántos años tiene ya que empezaste a pintar Alberto?

AO: Pues yo creo que unos quince. Aunque no daba realmente continuidad sino iniciaba y luego los pinceles se me llenaban de polvo. Ya tengo como tres años que digo más o menos.

M: Con mas producción.

AO: Con más producción y además con un proceso ya de más madurez como persona. No como pintor pero sí como persona. Entonces eso me da más estabilidad.

M: Alberto, respóndeme esto por favor: ¿para qué pintar?

AO: Mira, por ejemplo leí una vez, tenía yo diecisiete años y leí a un escritor portugués que se llama Eca do queirós; “los mayas” se llama la novela, y a mí me pareció fantástica, como para hacer cine. Empecé pero no puedo expresarme de esa manera. Hice un intento con eso, he hecho intentos con poesía y de alguna manera hago pero nomás el intento; y con la pintura como que he concluido un poco más. Me siento más, tengo menos miedo en hacerlo, tal vez me sienta seguro de lo que siento.

M: Hablando de lo que nos acabas de comentar hace un momento, Alberto. En tu concepción ¿qué es más importante, el autor o la obra? Por que nos hablas de conocer pintores y hay quienes juzgan más importante la obra que conocer al autor.

AO: Mira, yo creo que la obra. Definitivamente, la obra. Pero es bien importante quién hace esa obra. Yo conocí por ejemplo a pintores que son ahorita famosos, muy famosos; Ricardo Martínez, por ejemplo, que es un excelente pintor, es un gran maestro del color pero dicen que como persona era un cabron muy neurótico, muy enfermo, muy nervioso. Pasa mucho con los pintores: que como persona tienen algunos problemas de encontrarse. Tal vez se encuentran en su pintura, cuando hacen su obra y ya dicen que son ellos. Pero ya después en su cotidianidad son a veces muchas broncas, muchos problemas no resueltos, un chingo de miedos, un montón de problemas.

M: ¿Tú ya te encontraste?

AO: No sé si ya me encontré pero estoy en el intento, y al menos tengo conciencia de que estoy buscando. A lo mejor no estoy buscando nada, estoy tratando de ser, estoy tratando de ser yo solamente, mis pinches monos feos o los colores que uso eso a mí me ponen bien. A lo mejor es una terapia.

M: Técnicas y temas Alberto ¿cuáles prefieres?

AO: Mira, a mí me gusta el acrílico porque no seca rápido y como yo a veces lo que hago es de primer intento. En el caso del óleo yo he hecho por ejemplo algún dibujo, algún cuadro, algún intento de cuadro. Pero inicié con óleo y después tuve problemas. Me gusta, por ejemplo, usar algo de acrílico y luego después meterle óleo. O sea: Mixto.

M: Y tus temas… ¿has definido tus temas?

AO: Sí. Mis temas siempre son como… Es un poco difícil de definir porque cuando haces un cuadro te retratas, o sea, te estás haciendo un auto-retrato. Sabemos qué vamos a empezar pero no sabemos en qué va a terminar. Entonces el tema es realmente las mascaras que usamos los seres humanos, somos siempre con mascaras; tenemos un montón de mascaras y nos ponemos la máscara que vamos necesitando. Entonces a lo mejor mis cuadros tienen una máscara que veo en ese momento en que necesitaba para expresarme.

M: ¿Qué opinas de la pintura didáctica? ¿Tú tienes un mensaje qué transmitir? Y si es así ¿cuál es tu mensaje?

AO: Yo no sé si se haya, no sé si sea un mensaje que transmitir pero lo que sí, por ejemplo, en este momento que el arte está en una disyuntiva entre un expresionismo abstracto y el de señalar lo que está ocurriendo, enunciar; el artista se supone que tiene la capacidad y la libertad que se otorga él mismo para denunciar lo que está pasando. Hace cincuenta años, cien años que la pintura se ha colocado siempre como para enseñanza ¿no? Diego Ribera o Juan O´Gorman, que son muralistas, con la intención de enseñarnos algo. Pero vemos que no son los famosos que el famoso es el que pinto abstracto y que esta por la pintura europea cono Tamayo o como Carlos Mérida. Entonces yo creo que en este momento tenemos la opción, siempre tenemos la opción, de hacer algo para satisfacernos a nosotros, a nuestro ego tal vez, a nuestras fantasías, nuestros sueños; o hacer algo que denuncie lo que está pasando, así hagas poesía, hagas música. Siempre habrá la oportunidad de denunciar, de criticar y de proponer. Porque yo creo que ahí está el punto, cuando tú consideres que algo está mal tienes que tener una propuesta, es decir: están ocurriendo estas pendejadas, bueno, pues ¿qué propones para algún cambio? Debe de haber propuestas pero sociales. Siempre hubo en el arte mexicano revolucionarios, siempre hubo ese onda. Las broncas que se dieron entre Diego Ribera y Siqueiros, por ejemplo, Orozco o el Dr. Atl, que unos pues proponían un arte donde denuncian, un arte donde hay que denunciar la injusticia, ahí que denunciar las chingaderas que hacen en el gobierno o las chingaderas que hacen ahorita, por ejemplo, el narcotráfico, que está haciendo la delincuencia organizada. Esto puedes señalarlo o no, es una cosa opcional.

M: Esto que nos comentas, Alberto, no indicaría que el arte tiene que ser un vehículo de denuncia social; y si es o no es así, en tu concepción muy personal ¿cuál sería tu definición del arte y para qué debe de servir?

AO: Bueno el arte como una manifestación más de la expresión humana debe servir para liberar al que lo está haciendo. O sea, el primero que se debe de liberar es el que está pintando. Hay muchas cosas que necesitamos liberarnos, de los miedos internos, de los sueños frustrados, de las dependencias. Yo pienso que el arte debe ser revolucionario en sí, intrínsecamente es revolucionario y la revolución se inició en la época de las cavernas. Arte que se estanca, arte que es demasiado dogmático en su percepción de la vida, de la realidad y pues fracasa. Tenemos el caso del realismo socialista de la Unión Soviética o del arte que están haciendo ahorita los musulmanes ¿no?, que es un arte muy fundamentalista, muy ortodoxo, una percepción demasiado dogmática de la realidad. Yo creo que el artista debe de ser una persona… no tan rígido, es decir, blandito. Su percepción de las cosas, lo que puede ser. Y aceptar que lo que ayer decía pues sí, lo decía ayer, pero ya hoy es otra cosa porque cada instante es nuevo, cada segundo es nuevo. Una vez me encontré a Toño López Vega y le digo: “¿qué onda? ¿qué hay de nuevo? Me dijo: “todo”. ¿Qué hay de nuevo hoy?: “¡Todo es nuevo cabrón!” Los segundos, yo soy nuevo, todo es nuevo. Me pareció muy acertada esa expresión, y si esa expresión la llevas a tu trabajo es que está hablando de ti, hablando de tu manera de percibir.

M: Esta pregunta, Alberto, está estrechamente relacionada con eso que estamos hablando. En este siglo, socialmente hablando, ¿para qué necesitamos el arte?

AO: Bueno, en este momento, por ejemplo, la pintura frente a las computadoras y la pintura frente a la fotografía. El arte yo creo que va a servir para expresar emociones, para transmitir emociones. Mira, hay gentes muy buenas, técnicamente muy buenas que hacen las cosas muy lindas, entre comillas, pero ahí se queda. No transmiten cosas, es una manera de transmitir tu libertad, es una manera de expresar tu libertad, salir de tus propias cárceles ¿no? Nosotros construimos, yo creo que nosotros en la cotidianidad estamos construyendo nuestras propias prisiones, estamos todos los días con un pinche cincel haciendo nuestra prisión. Entonces el arte viene siendo como una manera en donde seas absolutamente libre, que estés en una especie de paraíso de la libertad y ahí tú expreses lo que quieras. El arte va a seguir existiendo aun con la crisis, aun con la necesidad de los cambios que se requieren. Porque si se aplica el mismo modelo otros mil años, el mismo modelo que existe hasta ahorita, ese modelo de la depredación de la naturaleza y de la depredación del hombre; el hombre se extingue, se acaban la nave, se acaban los recursos del planeta y el hombre se extingue, se acaba el proyecto humano. Entonces los cambios tienen que ser hacia la izquierda. Es decir, no deben de ser hacia la derecha porque hacia la derecha nos conduce a una nueva etapa de oscuridad, a otros mil años de oscurantismo y quién sabe a otros cuantos años más de estancamiento espiritual, estancamiento cultural y en todos los sentidos. Yo creo que en este momento estamos en una etapa como de un nuevo renacimiento, aunque sea un pleonasmo ¿no? Cuando salieron las cámaras de fotografías dijeron que el arte había muerto. Pues no, frente a eso surgían los impresionistas. Entonces ahorita frente a las computadoras, tiene que surgir algo que sea muy humano. La computadora es una máquina, y lo que el ser humano hace es otra cosa, poesía, teatro, cine, etc.

M: Si la formula que hemos estado usando durante este milenio de obscurantismo, como tú le llamas, no nos funciona ¿tú qué propones?

AO: Pues mira, yo creo que todo principio es la libertad. Es decir, la libertad significa primero la libertad interior, hacia tu persona, un hombre que está esperando morirse para ser, para conquistar la felicidad no es un hombre libre; o un hombre que tiene mucho miedo frente a lo que está ocurriendo, frente a la naturaleza, tampoco es libre. La libertad tiene que ver con el estado emocional y una libertad concreta real. Que hayas satisfecho tus necesidades básicas. Un hombre que no ha satisfecho sus necesidades básicas, no podemos estar hablando de un hombre libre. Entonces frente a este momento yo creo que es la libertad, hay que conquistarla, la libertad igual que la felicidad, igual que el amor, tienes que conquistarlo, no existe per ce, de por sí, tienes que, día a día, construir la felicidad, día a día construir la libertad. Yo creo que es por ahí. En este momento que se está dando, el capitalismo llegó a su máximo esplendor, a su máximo desarrollo y ya agotó todas las posibilidades de explotación del ser humano; ya no hay de otra más que regresar al modelo esclavista y no es por ahí. Es decir, la sociedad no se puede convertir en una sociedad esclavista. Esos son modelos económicos trasnochados, ya caducos, ahorita es la liberación. Yo creo que es la libertad y pues es un proceso. El hombre para descubrir la agricultura ocupó millones de años, entonces ahora para liberarse el hombre quizá ocupe miles de años. Estamos en ese proceso. Hay que darnos cuenta qué somos. El ser humano se está construyendo. No somos seres humanos acabados, todos los días nos construimos, nos mejoramos o nos empeoramos todo depende lo que tú elijas. Entonces yo siento que el arte tiene que ser para liberar al hombre y si, por ejemplo, haces opera, debe ser para liberar al hombre, no para someterlo a nuevas formas de esclavitud, a nuevas formas de explotación; para que sea libre, libre de prejuicios, libre de falsas morales, libre de demonios. Una de las cosas que más jode al ser humano son los pinches demonios, los demonios del miedo, del terror. El gobierno le está apostando a que la gente sienta terror, a que la gente sienta miedo, para que entonces pidamos que nos apoyen. Queremos un gobierno fuerte que permita acabar con la delincuencia y el miedo, la realidad es que no, se ocupa la democracia. La democracia no la hemos conquistado, cabrón. Se necesita conquistar la democracia pero no podemos hablar de democracia en un país de miserables. La pinche democracia en México no ha funcionado.

M: Cierto, por lo menos no esta democracia que nos venden.

AO: Bueno, es una democracia exitosa porque permite… por ejemplo, fíjate, cuando hablamos de Hugo Chávez (es un hombre que ha ganado seis selecciones) es un hombre que tiene el apoyo del sesenta por ciento de su población y la prensa lo sigue llamando tirano. ¿Por qué?, porque así son, el lenguaje está deformado, la prensa llama a las cosas por otro nombre, cabrón. Es como son, se deforma todo y entonces es un tirano. Chistoso ¿no?, es un tirano que tiene el apoyo de su pueblo. Otro tirano chistoso es Fidel Castro. Fidel Castro es el hombre que más ataques a tenido contra su vida, que a puesto en más riesgo su vida; y ahí está porque tiene el apoyo de su pueblo. La única manera de cambiar las cosas es con el pueblo, el pueblo va a cambiar las cosas cuando el pueblo esté harto de estos cabrones que se han apoderado del poder solamente para favorecer a unos cuantos. El pueblo es el único que puede acabar con eso, ni un artista, ni un revolucionario, ni un líder, no, no. Las revoluciones las hace el pueblo.

M: La suma de todos nosotros.

AO: Bueno, el concepto de pueblo tiene dos sentidos, uno el concepto político donde Calderón es pueblo y yo soy pueblo. Pero realmente Calderón no es pueblo. Calderón tiene el apoyo de los militares y mediante un fraude él se apodero, se robó la presidencia de la república y entonces él no es pueblo porque además su política neoliberal ha seguido el modelo que se inició en el 82. ¿Qué chistosa la democracia, no?, que tiene a un país bien rico en extrema pobreza, de rodillas, cabrón, y cada día más. La opción no es por ahí, la opción no es seguir sometiendo al hombre, que el hombre siga siendo el lobo del hombre. El hombre debe de ser las filosofías y los conceptos y los valores y todo lo que debe exponerse al servicio del hombre, no de un grupo social, no de una clase social, al servicio del hombre. Hay cosas muy concretas como la educación, la salud, el trabajo, eso.

M: ¿Quiénes son tus pintores favoritos?

AO: Ah, pues son muchos. Pero vamos a decir que en la primera etapa, cuando yo estaba chavo, mi pintor favorito era el Dr. Atl. Sentía mucha emoción cuando lo veía y me gustaba mucho. Ya después me fui dando cuenta que estábamos llenos de buenos pintores, en Jalisco. Después yo creo que Orozco Romero. Para mi es otro que me ha influido. Orozco ha influido desde a Colunga hasta El Chivo (Xilotl). Ahorita uno de mis pintores favoritos es El Chivo, Isidro Xilonzochil. Y pues hay muchísimos: Tamayo, Francisco Toledo.

M: Hacia donde te diriges, Alberto, con este ejercicio.

AO: Sabe. A veces pienso que no tenemos rumbo, que no debiéramos de tener rumbo sino simplemente tendríamos que ser, no tanto espiritualmente, porque yo así siento la vida. Cuando estaba joven pensaba que la vida tenía sentido, ahora me encuentro que no, que el sentido de la vida es el disfrute de la vida, el gozo, el estar viviendo todos los días bien chido y construyendo tu vida todos los días, hagas poesía, música o lo que hagas, es vivir el momento.

M: Disfrutas cuando estás pintando.

A: Sí, mucho.

M: A pesar de que has tenido, Alberto, un roce muy cercano con los pintores de Jalisco, sobre todo de tu generación, ¿cómo es que no te hemos visto en exposiciones?

AO: Mira, me dan mucha güeva las exposiciones. Porque yo siento… a veces, como soy muy anarquista, a veces siento que nomás les engordamos el caldo a los pinches políticos, que ellos a un costo mínimo hacen como que promueven la cultura. He estado, en los últimos tres años, he vendido algunos cuadros en Estados Unidos, tengo una invitación en el museo Alameda que está en san Antonio (Texas), para una exposición, pero por una cosa o por otra no he finiquitado, no me he puesto a trabajar. La realidad es que necesito más disciplina, más estar en el asunto.

M: Bueno, Alberto, desafortunadamente el tiempo se nos ha ido de las manos. ¿Será que veamos tu obra próximamente, en algún espacio?

AO: He expuesto en Guadalajara, aquí en algunas exposiciones en Jocotepec y en Ajijic, pero realmente en ese sentido soy un poco tímido. Yo he vendido cuadros sin firmar, me han mandado dinero para que fuera a firmarlo a Estados Unidos, porque se me había olvidado firmarlo. Espero seguir trabajando y hacer una exposición aquí localmente.

M: Bueno, agradecerte la oportunidad.

AO. No, gracias a ti. Es bueno saber cómo pensamos.








LUIS


Tengo miedo, lo llevo adentro desde el día en que Luís se ahogó en la laguna. En ese entonces teníamos siete años de edad; hoy yo paso los cuarenta.

Andábamos juntos de un lado a otro; estábamos en la misma escuela, en el mismo salón, vivíamos por la misma cuadra. Ignoro cuándo nos conocimos, a lo que recuerdo siempre estuvo ahí.

No era raro vernos bajar al lago por las tardes. Nos gustaba que el viento proveniente de sus entrañas nos ondulara la ropa, haciéndonos sentir capaces de volar aún más allá de los cerros que lo abrazan. Al llegar el inicio del ocaso, perdíamos la vista observando la canoas tripuladas por pescadores alejarse de la orilla al ritmo de un compás inacabado.

Pescar nos deslumbraba, estábamos seguros que en ello se encontraba la felicidad, pues los hombres de tarraya al retorno de su travesía e independientemente del botín obtenido, tenían impresa una sonrisa en el rostro.

El inicio del fatídico suceso ocurrió cuando en una de esas visitas al lago encontramos por el camino un carrete de hilo de cáñamo verde turquesa, cuya textura se prolongaba largamente hasta transformarse en un gancho de metal platinado.

Ansiosos por nuestro descubrimiento lo tomamos del piso y corrimos hasta el margen del espejo líquido. Desesperados cogimos un gusano que temerariamente pasaba al lado de nuestros pies, lo ensartamos en el anzuelo con la intensión de capturar una carpa.
Alguna vez escuché que lo que tiene qua suceder sucede, que aunque se trate de evadirlo no hay camino ni fin distinto al que se tenía establecido con anterioridad; quizás por eso el lago se encontraba tranquilo, sereno, como invitándonos a acercarnos, al igual que el anzuelo lo hacía con los peces.

Pasaron más de dos horas desde que habíamos lanzado la trampa y el resultado continuaba en cero. Poco a poco, los tonos amarillos producto de la agonía del sol desaparecieron a nuestras espaldas, dejándonos atónitos ante la inmensidad del agua.

Los pescadores regresaban de su faena cotidiana, habiendo logrado cada uno de ellos llenar al tope su canoa con peces. Tristemente confundidos Luís y yo nos miramos mutuamente, nosotros no habíamos pescado nada. Un extraño calambre me circuló por la columna vertebral cuando Luís me dijo:

-A lo mejor es que los peces están más adentro, y aquí no vamos atrapar nada. ¿Y si nos metemos en una lancha? ¿Tú crees que podríamos pescar algo? ¡Vamos!

No podía decirle que no, Luís era vengativo, muy probablemente se enojaría conmigo y a pesar de ser amigos, con algo desquitaría mi negativa.

-Sí. Le respondí, con una pierna ya adentro de la canoa.

Tomamos los remos dirigiéndonos hacía zonas de mayor profundidad. Soltamos el anzuelo, no tardamos más de tres minutos en percibir un fuerte tirón en el cáñamo. Jalábamos intensamente, pero el peso de lo que se encontraba sujeto a la carnada nos arrastraba a lo largo de la embarcación. Luís decidido a no perder la presa enredó un tramo del hilo a su cintura, se tambaleaba; nunca tuvo miedo, ni en el momento en que estrepitosamente sus pies abandonaron la canoa para introducirse en el agua, ni en el segundo en que cansado de luchar contra el lirio que lo mantenía sumergido terminó por ahogarse.

El cuerpo de Luís no se encontró. Nadie me culpó por su muerte, es más, decían que era un milagro que yo me hubiera salvado, que yo siguiera aquí, lo que no saben es que Luís nunca se marchó.

Con el paso de los años fui tratando de olvidar dicho episodio, pero Luís permanecía al asecho evitando lo lograra. Cada noche, al encontrarse el lago quieto como un vaso con leche, el aroma inconfundible del agua con el lirio impregnaba mi habitación anunciando su llegada.

El irremediable fenómeno del desarrollo hizo presa de mi anatomía, mis emociones, mi intelecto.

Crecí al punto de dejar de ser aquel que observó cómo Luís moría. Él no comprendió este proceso, insistía en jugar conmigo. De cierta manera le agradezco no me haya dejado solo, porque siendo sincero, el fue el único con disposición a escucharme cuando lo necesitaba.

Fue durante mi ingreso a la Universidad en Guadalajara que descubrí la incapacidad de Luís para viajar conmigo, su presencia se limitaba hasta donde el olor del agua con el lirio se resquebrajaba; por eso regresé a Jocotepec cada fin de semana mientras duraron los estudios, al terminarlos decidí quedarme a vivir aquí.

La situación laboral me favoreció proveyéndome con lo suficiente como para abandonar el hogar paterno. Luís me acompañó, juntos pintamos la casa que adquirí, juntos decidimos los muebles que compré.

Todo parecía marchar por buen rumbo, pero Luís cambió el día en que conocí a Fernanda. Ella era la criatura más hermosa que jamás había encontrado, me enamoré como antes no lo había hecho, disfrutaba estar a su lado, disfrutaba de sus ojos, de sus manos, de su voz. Terminé por pedirle nos casáramos, a lo que alegremente accedió.

Cuando Fernanda llegó a vivir a la casa se le perdían las cosas, le apagaban los focos, le abrían los grifos del baño. Yo sabía que Luís era el responsable, lo regañé, por un tiempo se calmó, creo se sintió ofendido.

A Fernanda no le conté sobre Luís por temor a que se alejara de mí pensando que estaba loco, además no pasaron más de seis meses cuando felizmente me comunicó sobre el embarazo, y en ese estado tal noticia podría resultar catastrófica. Me encontraba flotando sobre la superficie ríspida que suele ser la cotidianidad, volqué mis atenciones hacia Fernanda, Luís me reclamó el abandono, no le hice caso.

Al arribar el plazo natural nació un hermoso niño al que llamamos Ariel, el corazón se me hincho de alegría, la vida era buena. Con la llegada de Ariel me olvidé por completo de Luís, creí que él también se había olvidado de mí, me equivoqué.

Justo un año después del nacimiento de nuestro hijo, Fernanda en su camioneta salió con él con destino Ajijic, para pagar la cuenta del teléfono en las oficinas de la compañía que nos proveía el servicio, pues el recibo de ese mes no llegó al buzón de la casa.

De regreso, antes de llegar a la Piedra Barrenada, la camioneta de Fernanda se quedó sin frenos, ella no se percató hasta que un trailer que venía en dirección opuesta por su mismo carril la obligó a frenar estrepitosamente para evitar el choque. Al sentir que los frenos no le respondían Fernanda viró el volante del vehículo a la izquierda tratando de esquivarle, pero la parte delantera del trailer hizo contacto con la camioneta haciéndola girar serpentinamente por los aires cayendo de lleno en la laguna.

El acta de defunción de Ariel y Fernanda dice que murieron ahogados. Los cuerpos fueron recuperados fácilmente a pesar de las grandes cantidades de lirio, debido a que el agua del lago se encontraba tranquila. Devastado, después del funeral regresé a mi casa, Luís estaba esperándome en la puerta de la entrada.

–¿Ahora sí vamos a poder jugar? Me preguntó mientras sonreía.

Tras escucharlo la sangre de mis venas migró hacía mi garganta, quise matarlo, no podía, el muy maldito...

El dolor era tanto que decidí irme de Jocotepec con la intención de nunca retornar. Han pasado algunos años desde esa fecha, hoy he tenido que volver. Del cementerio me avisaron que encontraron fuera de sus tumbas los huesos de Fernanda y de mi hijo. Los encargados piensan que algunos vándalos lo hicieron, yo en cambio sé quién fue.
Tengo miedo, mucho miedo, cuando venía del aeropuerto me percaté que el agua del lago estaba tranquila, el ambiente está impregnado a lirio.

¿Quién anda ahí?

¡Luis! …

¿Eres tú?

Raúl Contreras Álvarez

-Entretenimiento

Jugué con mis muñecas:
remedos de sombras
complacientes.

Maquillé sus castas.

Aplaudan y sonrían
entes de miradas estériles,
de nalgas mordisqueadas
por el tiempo.
para ustedes,
y para nadie más,
es mi juego.

Confeccioné
la escena degradante,
el desemboque
de lo brutal
se tornó en obra consumista:
bofetadas y aplausos,
puñetes y aplausos,
patadas, caricias,
todo es aplausos.

Comprendan mi juego,
sin él la carcajada
no valdría
lo que vale mi deleite.




-Los degolladores

A pasos tartamudos
donde la carne gira
frente a más carne,
donde los orificios
absorben pensamientos,
donde el anal eructo
se pierde en vibraciones.

Encasillé
a los degolladores
de mi razón torcida.

Fueron
sus saltos,
sus besos,
sus escenas profanadoras
de un yo
vuelto ante mis ojos.

Ahora solo no soy.



-Prealba


Escucha la voz
del canto oscuro:
mañana, mañana.

Garrapata impalpable
exprimiendo
la cordura.

Sofocando
con su delgado disfraz
la paranoia.

Escucha,
oculta en su lírica
el enfrentamiento:
mañana, mañana.



-Alquiler

Ante mis escasos
recursos de alquiler
acurrucaba mis instintos
de indigente
en las calles de mis manos,
pobres ancianas
arrugadas por mis necesidades,
trémulas ante la adicción.

Alquílame
ese ambulante domicilio
inhabitado por mi ansia.

El dinero no es excusa
para mis aberraciones.

Los contados centavos
en tinta y hoja
se aferraron a la cita.

Alquílame
aquel cuartucho
y a cambio cubriré
de gracia tus paredes,
pintaré de blanco
tus enseres.
Y es más, hasta el obsequio
de la vida,
de otra vida te ofreceré.



-Profánate

Pequeña casta,
la abstinencia
quedó pegada
en los calzones
de mi abuela.

Ignorante pellejo,
tu natura
es un bikini
no usado.

¿Acaso no escuchas
el reventado coro
de gemidos?

Profánate pequeña,
se alumna y maestra.
el pecado solo existe
en los creyentes.




-Sadismo

Que sólo seas
huesos y carne,
tripas y sesos.
Un cuerpo más
para mi agenda.

Ráspate la piel,
que sangre
mientras el sadismo
nos invade
a carcajadas.

Desmiémbrame.
desecha estorbos.

En tu museo vaginal
mi historia perdurará
mientras guardes
un pedazo.




-Travestido

Sorteo el dolor
dejado sobre
mi faz:
la peluca rubia
de mi desconsuelo,
la falda negra
de mi ira,
el sostén marchito
de mis dudas,
el calzón gastado
de mi llanto,
los tacones excrementados
de mi odio,
la cartera zurcida
de mi desamor.

Rifo todo
a escaso precio:
los aretes brillantes
de mi suicidio,
el labial rojizo
de mi abandono,
la mirada coqueta
de mi envidia,
la blusa violada
de mi pesimismo.

Ya poseo
el traje ansiado
de lo vital.


Alexis Cuzme (Manta, Ecuador, 1980) periodista, poeta y ensayista. Ha publicado los libros Complot ante el silencio, Club de los premuertos y Bloody city (en poesía). Legión: década pagana (ensayo). Su obra poética consta en algunas antologías impresas y virtuales.
Editor de la revista rock literaria Marfuz. Escribe para medios impresos y virtuales de su país y del extranjero. Mucha de su producción se encuentra en su blog:
http://ciudadhecatombe.blogspot.com/
Actualmente prepara la publicación de Satanismo: filosofía individualista (ensayo)

02 enero 2010

Editorial

Pues llegamos al último número del año 2009. Ahora, podríamos utilizar este espacio para hacer un recuento de lo sucedido en estos doce meses que como agua se nos fueron de las manos. El resultado sería, como cada vez que intentamos ser sinceros, descubrir que a pesar de las cosas trágicas, no todo ha sido tan malo ni tan negativo como para empobrecer nuestra capacidad de experimentar plenamente.
Descubriríamos entonces que el balance, a pesar de estar aparentemente nivelado se inclina un poco hacia el lado de lo bueno, hacia el lado que nos obliga a tomar el valor de lo vivido, que nos orilla a no lamentarnos y dar las gracias por lo que se tuvo y que se tiene, que nos lleva a reconocer que lo que en su momento vimos como una desgracia ahora estamos seguros que se suma a un pilar más sobre el que recargaremos nuestro futuro. Y el recuento sería justo, un tanto subjetivo pero justo. Y entonces sentiríamos un poco de satisfacción y trataríamos de recomenzar un nuevo ciclo en el que los errores cometidos no se repetirán jamás, una nueva era en la que trataremos de hacer lo que este año no hicimos; y haremos todo lo posible, todo lo que en nuestras manos descanse, por alcanzar las metas que consideramos como necesarias para lograr lo que queremos o pretendemos de la vida, antes de que se acabe, repentinamente, como se acabó este año y como se han ido todos los pasados que nos han dejado aquí, con esta necia necesidad de elaborarnos ciclos para no amargarnos y poder siempre tener más oportunidades para corregir las malas decisiones que en algún momento tomamos. Y entonces quizá algo nos diga que la vida es precisamente eso, un océano de oportunidades nuevas, una autopista llena de rutas alternas que llevan a un mismo sitio, un sinfín de momentos para actuar mal y corregirnos de nuevo; y encima de todo esto, tener todo el derecho humano para hacerlo, sin ser reprochados, porque siempre tendremos la oportunidad para empezar de nuevo. Y entonces ser felices no porque las cosas nos hagan felices, sino porque al final no tenemos más remedio. Y apretar los dientes y asentar la cabeza y decirnos a nosotros mismos que la conclusión es buena, que nuestro recuento dio frutos preciosos, que nuestra reflexión es acuciosa y acertada; y salir a comprar al pavo para la cena, los juguetes de los niños, la ropa para estrenar en enero, cualquier cosa que nos evite pensar que nos estamos engañando.

Y podríamos hacer eso, pero en Meretrices no estamos acostumbrados a los recuentos porque nosotros no creemos en los ciclos anuales, tenemos fe al trabajo, y fe a que algún día, producto de ese trabajo, las artes tengan el lugar que se merecen.
Feliz año 2010.

El arte tradicional contra las adicciones


Una línea de trabajo del Colectivo Artístico Morelia ha sido la permanente instalación de talleres para niñas y niños. Aún cuando se diseñan talleres para jóvenes, adultos y ancianos, acudir a la infancia es por demás importante, ya que nuestro país cuenta con una inmensa población infantil, mucha de ella en la extrema pobreza o, de plano, en la miseria.

Es precisamente en esos ámbitos poblacionales donde se desarrollan con mayor énfasis las adicciones. Muchos niños y adolescentes son remitidos a los antiguos albergues tutelares, hoy auténticos centros penales, por dedicarse a la distribución y venta de drogas. El Estado culpa a la familia por este descuido, sin embargo es el mismo Estado el culpable de que la niñez se inicie en el consumo de enervantes y narcotráfico. Ningún centro penal del país está capacitado para rehabilitar presos, los programas y dependencias oficiales dedicadas a la rehabilitación de delincuentes son una burla que los gobiernos hacen a la población.

El Colectivo diseñó un proyecto de rehabilitación para la niñez y la juventud que se encuentra en situación de riesgo o que ya ha entrado en conflicto con la ley. Dicho proyecto valida a la educación artística como promotora de habilidades especiales en el ser humano en general. Aún cuando la obra de arte, el producto artístico en sí puede influir en el ánimo de las personas y contribuir a una mejor calidad de vida, lo verdaderamente importante del arte es la práctica artística.

Llamamos arte al desarrollo de alguna habilidad humana. Los seres humanos tenemos una gran capacidad para desarrollar habilidades, es por eso que existen muy diversas actividades que entran en el rango del arte.

La carpintería se convierte en arte de la ebanistería por el desarrollo que muestra al obtener acabados perfectos, lo que ocasiona que todas las personas deseen tener en casa un mueble de tal naturaleza.

La preparación de un platillo de comida es, en realidad, el arte de ocultar un crimen. El trozo de pollo, de res, de cerdo corresponde a una parte de animal asesinado; se le cubre cuidadosamente con vegetales y frutos que también están agonizando frente a nosotros, porque frutos y verduras son también seres orgánicos. Se le llama arte culinario y tiene varios propósitos, el fundamental es despertar nuestro apetito y el práctico es proporcionar los elementos nutricionales que una persona requiere para mantenerse sana.

Maltratar animales es una actividad supletoria en el ser humano. Suple su natural tendencia a maltratar a otros seres humanos, de allí que sea una actividad que suele verse con complacencia socialmente. Hay por lo menos dos actividades en esta área que son comunes: el arte de la charrería y el arte de la tauromaquia.

Son tantas las artes que fue necesario llamar de una manera especial a unas que presentan un valor agregado, la persecución de ideales de belleza y perfección en los que caben elementos esenciales de la creatividad y de los valores humanos. Se les llamó bellas artes y están presentes en la vida toda de las personas, muchas veces sin que éstas se den cuenta.

Solemos apreciar el mundo como un conjunto de binomios: día y noche, bueno y malo, luz y oscuridad, bonito y feo, alegría y tristeza, salud y enfermedad. Son conceptos opuestos que rigen, de muchas maneras, nuestro paso por la vida hacia su extremo opuesto, la muerte. Normalmente no apreciamos los matices que existen entre esos binomios.

Por esa misma simplicidad apreciamos una tajante división entre lo que es el campo y lo que son las ciudades, territorios contrarios que, aún cuando son parte de un mismo México son, a la vez, una muestra fehaciente de las contradicciones en que vive nuestro país.

En este inicio del súper desarrollado siglo XXI persiste un injusto pleito entre la ciudad y el campo. La ciudad se sueña como paradigma del conocimiento, espacio ideal para el desarrollo humano, sitio para las oportunidades. Por el contrario, considera al campo como territorio de la ignorancia, el atraso y la barbarie.

Es un pleito que inició y mantiene la ciudad y va solamente de ésta contra aquél. Al campo no le interesa pelear contra la ciudad. La situación se torna injusta porque la ciudad vive del campo y en lugar de estar agradecida y pagar, de alguna forma, esa dependencia, arteramente suele acusar al campo de todos los males que aquejan al país.

La ciudad es, más bien, campo de cultivo de las peores ignorancias. Pero de que existe una barrera entre el mundo urbano y el campesino es indudable, ha sido levantada y sostenida por la ignorancia y los prejuicios, causando daños difícilmente subsanables.
La capacidad destructiva de la urbe es grande. Lo que ha atacado permanentemente es a la tradición, que se ha visto mermada y sobrevive a pesar de una sistemática labor en su contra. Aquí es donde se puede advertir la ignorancia citadina, que llama tradición a lo viejo, a lo obsoleto y retrógrado.

La palabra tradición, aplicada a una forma específica de vida, se comenzó a aplicar en el contexto antropológico e histórico desde el siglo XIX. Proviene del latín traditio, que significa “entrega” y se refiere a las normas y formas de convivencia con que cuenta una comunidad, que serán entregadas a sus jóvenes para que las protejan, enriquezcan y transformen. Esto quiere decir que la tradición es uno de los mecanismos con que cuenta la cultura para proteger a las comunidades.

En las comunidades tradicionales lo importante no es el individuo, sino la comunidad, mientras ésta esté bien, disfrutarán de esa bonanza todas las personas que integran dicha comunidad.

De aquí surge una de las principales críticas contra la tradición, a la que se considera impermeable y vulneradora de los derechos fundamentales, ya que éstos velan por el individuo y su razonamiento es contrario a la tradición: si cada uno de los individuos de una comunidad goza del respeto a sus derechos individuales, la comunidad se fortalecerá. Es fácil contradecir esta posición que surge de una falsa democracia; basta ver las sociedades cosmopolitas de nuestro mundo globalizado, donde ninguna ciudad se ve fortalecida gracias al respeto de las garantías individuales. Las ciudades de la globalización responden a las necesidades del mercado: unos cuantos ricos (que son los que gozan de todas las garantías individuales) y millones de pobres con la única garantía de ser explotados en beneficio de unos cuantos.

Mirando atentamente a la ciudad contemporánea, se advierte el énfasis que se pone en el individuo como célula madre de la sociedad. Desde la niñez se inculca en el individuo la idea del triunfo. Las advertencias de la madre, las enseñanzas de la maestra, los repetitivos eslógans de la televisión comercial, las campañas de superación personal, las ofertas de trabajo hacen creer a la masa informe de individuos de la sociedad que la única vía del éxito es convertirse en un triunfador.

Ser un triunfador significa obtener riqueza económica y todo lo que ésta puede comprar; se debe obtener pasando por encima de quien se pueda, aún por sobre las cosas, las personas y las ideas más nobles, comprendidas entre ellas la familia, la cultura, la tradición, la religiosidad, la bondad, etc. El ejemplo más alto de este tipo de egoísmo, que destruye todo en función del beneficio personal, se da en los políticos y en los narcotraficantes, que son equivalente y representan al crimen organizado: la obtención del poder a costa de lo que sea.

A la tradición se le acusa de crímenes inconcebibles, como el alcoholismo, los golpes a la mujer y a los hijos, el chantaje… pero todo esto se encuentra tanto en el campo como en la ciudad, en los pobres como entre los ricos. Falta en este panorama revisar otro hecho social que se llama costumbre. Ésta es un hecho repetitivo que se va agregando a las actividades cotidianas; algunas costumbres son buenas y otras no. Lo malo es que mucha gente usa la palabra costumbre como sinónimo de tradición. La costumbre se puede inventar, pero la tradición no. La costumbre es un hecho de cierta constancia, la tradición es una forma de vida.

Hay quienes aseguran haber establecido la tradición de reunirse la familia –o los amigos- frente al televisor para ver el fútbol, comer fritangas y beber cerveza. Esa es una costumbre y, de ninguna manera, una tradición. Son costumbres reunirse a jugar dominó, cartas, ajedrez; ir a misa los domingos; leer el periódico mientras se toma el café; dormirse a la diez. La costumbre es algo que se repite con cierta regularidad. La tradición es un todo.

La televisión comercial –fuente de muchos males de la nación- alienta activamente esa confusión. En muchos comerciales se invita a la gente a asistir a la “tradicional” venta navideña… a sintonizar el “tradicional” programa dominical… a embriagarse con la “tradicional” bebida de los mexicanos… Usa torpemente la idea de lo tradicional en lugar de lo acostumbrado.

La tradición es del lugar donde nace y no se puede trasplantar, no es posible que una familia que emigró a los EU reinicie allí la tradición de donde surgió, porque la tradición tiene que ver con la tierra y, al irse de ella, dejaron atrás su tradición. Y si algo tiene la tradición son fiestas. En la fiesta tradicional se reúnen la música, la poesía, el baile, la vestimenta, la comida, la bebida, la religiosidad y, claro, muchas costumbres. En la ciudad, en cambio, basta con una grabadora y una botella de alcohol para hacer una fiesta.

Lo que primero aniquiló la urbe fue la educación tradicional, cuyo objetivo era enseñar a aprender y su aplicación era individual, al ritmo del alumnado; fue suplida por la educación formal, que aplica programas masivos, iguales para todas las criaturas ya sean de los valles, las montañas, los lagos, las tierras calientes, las costas; quien no avanza al ritmo del programa, reprueba.

J. L. Rodríguez Ávalos

La crisis existencial.

Mis queridos lectores, supongo que el estar en cama por más de una semana, con una costilla rota, me ha hecho entrar en esa etapa que creo que le llega a todo ser humano en algún momento u otro. Aunado con el hecho de haber recientemente cumplido un año más de vida, y en esa etapa de la vida de muchas mujeres en que al acercarse a los cuarenta años, o sea, que los jóvenes me empiezan a llamar, “doña” y la gente se dirige a mí con un respetuoso “usted”…

En fin, me estoy haciendo vieja. Los hombres ya no admiran más que las líneas de expresión en mi rostro y mis pechos ya no están voluptuosos (no que alguna vez lo fueron). Pero las cicatrices que mis numerosas aventuras me han dejado en el cuerpo y ver a mis dos hijos rápidamente crecer, a mi madre que nunca la conocí joven hacerse más pequeña y bueno aunque no aparenta su edad los años se le dan a notar. Hasta mi pareja que me lleva veinte años, sólo viene de visita cada quincena. Vaya que la inactividad puede llevar a alguien a una pesada depresión.

Me estoy quejando porque no hay más que hacer. De nuevo mi laptop se ha dedicado a almacenar copias de las copias de las fotos que escaneé, cuando estuve por última vez en mal estado de salud, y el ponerme a rearchivarlas, me ha vuelto a llevar a ver mi pasado. Esas fotos de personas que estuvieron en las ocasiones especiales, los campamentos, los picnics, los cumpleaños, la familia que ya no está, o que está muy lejos como para mantener el contacto.

Hace que una se sienta vacía. Que pienses que ya lo has hecho todo y lo que no, realmente no lo querías hacer. La crisis. ¿En que puede uno soñar? Cuando ya no tienes ganas de soñar ni de hacerte ilusiones. La juventud ha heredado un mundo en el cual el arte ya no tiene escuela, la disciplina ha pasado a un segundo término. La rebeldía, como siempre es la actitud más normal. El que las personas traten de verte la cara, es el pan de cada día. Mis amistades sólo tienen problemas y quejas propias y ya nadie quiere enterarse de los problemas de los demás.

La sociedad se limita a la relación intima con una computadora. Si no tienen una propia, siempre hay algún lugar donde la puedas rentar y hasta tener una sesión de ciber sexo. No que yo lo haga, de hecho no lo entiendo personalmente. Pero el miedo a interactuar con los demás seres humanos nos va aislando. A mí ya no me gusta conocer gente, se involucran hasta ver como explotarte y después te dejan y peor aun se ponen a juzgarte sin haberse preocupado por conocer todos lo aspectos de uno. ¿Qué puede uno aún desear? Sin que miles de personas opinen al respecto. En el pasado, la gente parecía más humana, pero creo que muy adentro han sido siempre iguales. La ocasión hace al ladrón dice el dicho. Y aunque uno trata de obrar bien para dar un ejemplo a sus hijos, ¿Qué pasa si a tus hijos no les importa el ejemplo que les tratas de dar?

¿Cómo podemos realmente cambiar el mundo? Si el mundo se opone a cambiar. El gobierno sigue peor que nunca, los impuestos siguen siendo la noticia del diario. Todos tienen de que quejarse en vez de pagar lo que deben o de perdis abonar. Las deudas se lo comen vivo a uno y a veces no hay ni con qué comer bien. El escritor tiene la ventaja de poder crear su propio mundo, y el lector tiene la necesidad de escaparse de éste por medio de los mundos creados por los escritores. Esa es la única conclusión a la que he llegado. El crear, escribir, es una de las tareas más nobles. Se hace sin esperar nada a cambio. Ya que los escritos son como tener un hijo. Una idea se te mete en la cabeza. Va comiéndote por dentro, va viviendo en ti. La trama y los personajes se apoderan de tu tiempo. Les vas dando personalidades y detalles. Empiezas la investigación para que pueda ser cierto. Llega el momento en que hablas por ellos y como ellos. Y un día, es expulsado al papel como un eco sonido que confirma la existencia de la nueva vida dentro de ti. Entonces no hay marcha atrás. El escrito existe, contigo, sin ti, y a pesar de ti, nuevamente como un hijo. A veces, ese escrito es abortado y jamás llega a ver la luz. Pero aquellos que nacen y pasan por el partero, (el editor)… y son publicados. Dejan de ser tuyos, cobran vida propia. Y como los hijos, harán que seas o alabado o criticado. Pero estas ideas, dejan de ser tuyas. Entran en las cabezas de otras personas y son o aceptadas o rechazadas. Algunos escritos, así como algunos hijos, regresan a cuidar de sus padres. Otros los dejan abandonados y sin frutos del trabajo tan arduo que fue el traerlos al mundo en primer lugar. Si un escritor cría bien a su escrito, podrá ver algunos resultados. Pero si sólo los echas al mundo a valerse por si solos, al final te dejaran solo.

La gente necesita esas ideas. Para escapar de este mundo real que a diario nos enseña que no se puede vivir más en él. Ya sea en una telenovela, película, libro, artículo, o poema. Detrás de las risas, lágrimas, suspenso y emociones prestadas que todos necesitan, está un escritor. ¿Saben? Eso me alienta un poco. Ya que lo único que me gusta hacer es escribir, y sé que ustedes me leen cada vez que Meretrices sale a la luz. Y que quizá, les ayude a escaparse de este mundo un ratito leyendo mis ideas. Ya no me siento tanto en una crisis existencial. Gracias. Ahora la moraleja de cada artículo. Mmm… Cuando más desesperado te encuentres, y creas que ya no puedes más… cambia el mundo, haciendo aquello que te haga feliz.

Paloma Arau

El “No ser”: Concepto básico fuera de la educación actual


La retención de datos y memorización de conceptos sólo es parte de la educación, si el aprendizaje de un niño sólo se queda en ésto, y en el cómo y el qué hacer y no se engarza en el para qué hacer, se puede caer en el error de deformar la visión del menor con relación a él y su entorno, y esta educación de instrucción a la postre le debilitará su núcleo de identidad personal porque le dedicará más tiempo para conocer lo externo que lo interno. Un individuo que “no es” vive un vacío existencial inmutable, coexiste con la constante separación del sentido de vida, jamás se vuelve a reunir con ella, no llega a la revelación poética como lo manifiesta magistralmente Octavio Paz. El vacío le crea crisis de ansiedad que culminan en angustia para comenzar a transformarse en paranoia, su egocentrismo le crea apariciones; quimeras, deformidades y otras aberraciones que lo mantiene a la expectativa de un ataque, un abuso o una palabra amenazante en contra de su posición y fortuna. Su autoconcepto es exiguo, se siente excluido del universo, la envidia lo convierte en un desollado que con el menor movimiento del aire se hiere, se duele por todos lados, por todos y por todo. No vive, la frustración le provoca vómito negro y la alegría del otro le ulcera la estima. Se arma con un caparazón de soberbia y prepotencia porque tras esa estructura se encuentra un ser pequeño, débil e indefenso. El sentimiento de justicia le cierra la posibilidad de razonar otra posibilidad que no sea su justicia, y -como explica Freud- sólo es el resultado de una envidia original que un niño experimenta con respecto a todos los demás niños que poseen más que él… Estas personas enferman y contagian a sus alumnos, a sus hijos, a sus familias... a sociedades completas. La vida es una condena para ellos y un castigo para los demás. Por una cultura del egocentrismo países enteros viven en la miseria, ulcerados por la ignorancia.

Esta situación contemporánea logra en las personas una actitud de abandono interno, por lo mismo la juventud actual vive en un vacío persistente y prefieren dirigir toda su energía a fuentes exteriores que le aprueban fantasear y crear una cultura de la esperanza y la desilusión, que lo único que logra es que el individuo busque su seguridad edificando una estructura autártica, autosuficiente donde considera al amor y otras manifestaciones sensibles una amenaza para su seguridad. Individuos que crean conflictos para sentirse vivos y experimentar la reconciliación como un signo de vida. La no aceptación de sí mismos no les permite aceptar a otros semejantes a él, e intentan abusar de los que no actúan como él. No comprenden su interioridad porque son ignorantes de ella, andan como un pequeño descontrolado y perdido dentro de un laberinto de sí. Esta condición sólo refleja un egocentrismo pueril que no permite diferenciar entre el Tú y Nosotros porque sólo existe el Yo. Cuando otra persona difiere con sus conceptos y deseos toman una actitud hostil y a veces hasta peligrosa y su lengua se transforma en un puñal que pulveriza dientes, tritura huesos y despedaza almas.

En México, el señor del inframundo era Mictlantecuhtli, la palabra mictlan proviene de los vocablos “miquiz” que es morir y de “tlan” que es lugar. Como no existía el concepto católico de infierno, Mictlantecuhtli representa aquello por lo que los hombres mueren y por consiguiente se desfiguran; se descomponen, se pudren y se consumen. La principal actividad de este dios era engullir la sangre y carne humana... devorar espíritus. Está representado por un humano andrógino, desollado. Es un ser herido, dañado, revolcado en ardor, el cual está sufriendo a través de cada una de sus células y átomos. Metaforiza todos los vicios de carácter enclavados en un ser humano, es un ser que no desea ser, un ser que no pidió existir. En un escrito de investigación del Museo del templo mayor se lee: “En las pictografías aparece como un activo sacrificador armado de un hacha o de un cuchillo de pedernal y presto a extraer el corazón de sus víctimas. Es más, su nariz y lengua acusan forma de filosos cuchillos en códices como el Borgia o en las máscaras-cráneo descubiertas en el Templo Mayor. En vasos policromos y códices mayas, el Dios A ha sido pintado participando en ejecuciones y el Dios A' en siniestras escenas de autodecapitación, muerte violenta y sacrificio”. Es un dios de destrucción y regeneración temible pero al fin y al cabo una deidad, una omnipotencia enferma de envidia y soberbia que quita la vida y otorga otra donde todos son desollados y habitan en el tedio y la inercia desde el silencio y la oscuridad. Es una existencia arrogante, que vive dentro de su mundo donde es victima y victimario al mismo tiempo, perdona y castiga con el derecho que le proporciona su necedad de justicia. Coexiste en el vacío de sí mismo, en ese lugar donde nadie puede verlo, que es… la ausencia de él mismo. Esto, en un humano que se inclina hacia el lado del Thánatos, según Freud, no le importa autodestruirse con tal de destruir. La envidia les genera una carencia de valores y carecen de personalidad propia, es más importante lo que crea el otro de ellos, que lo que ellos confirmen de sí mismos. Examinando esta concepción del término envidia, sé que sin la existencia de este sentimiento o emoción algunos pueblos no hubieran progresado; pero también sé que algunos otros no hubieran desaparecido.
Obed González