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24 marzo 2010

El odio a los gringos



Aquí me refiero a la novela Columbus (1), del escritor chihuahuense Ignacio Solares, multipremiado periodista, narrador y dramaturgo que ha logrado unir la apreciación histórica y la ficción en la mayoría de sus textos, al mismo tiempo que ha aportado una visión personal y certera sobre temas de la vida nacional que han estado sometidos a los intereses norteamericanos en nuestro país.
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La novela en cuestión trata el tema de la incursión de Pancho Villa en la población de Columbus, Nuevo México, el 9 de marzo de 1916. Los antecedentes de la relación México-Estados Unidos se refieren a diversas incursiones del ejército norteamericano en el territorio vecino, incluso para apropiarse de más de la mitad del territorio mexicano.


La incursión del ejército villista en Columbus fue el de un inédito ataque a la orgullosa nación norteamericana, que despertó encontradas opiniones a nivel mundial, poniendo a Villa a nivel de héroe inaudito o de brutal bandido y asesino.

Berta Ulloa (2) plantea que “una gavilla que mandaba directamente Pablo López asaltó y dio muerte a 17 mineros norteamericanos en Santa Isabel, Chihuahua, el 10 de enero de 1916. Las que jefaturaba el propio Villa atacaron Columbus, Nuevo México, en la madrugada del 10 de marzo del mismo año”.

En general, la apreciación histórica es que Villa entró a Columbus, pero en la novela de Ignacio Solares se dice que no fue Villa, sino Pablo López, quien comandó la incursión, misma que ocurrió el día 9. “Entramos exactamente a las cuatro y cuarto de la mañana, lo sé porque uno de los primeros tiros que disparamos le dio al reloj de la aduana, deteniendo su funcionamiento. No me di cuenta durante esa misma noche, por supuesto, pero luego al ver las películas que filmaron los gringos lo descubrí” (3) .

La novela da cuenta de que esa incursión fue fallida, ya que sólo pudieron matar a unos cuantos civiles luego de que Pablo López se equivocó y comenzó a disparar hacia el lado equivocado de la avenida principal, la Boundary, donde efectivamente se encontraba durmiendo el XIII Regimiento de Caballería de Estados Unidos, al mando del general Herbert Slocum, pero los disparos se hicieron hacia el otro lado de la calle, precisamente donde se encontraban los establos, haciendo matazón de caballos y no de soldados.

La historia asegura que los villistas se robaron en esa ocasión más de 100 caballos, que buena falta le hacían a la gavilla que quedaba de la otrora poderosa División del Norte, pero no fue así, ni un solo caballo pudieron hurtar en esa incursión, al contrario, perdieron muchos de los pocos que llevaban al ser repelidos por el ejército norteamericano, que tuvo la suerte de que la tienda Lemon and Payne se incendió y esa enorme fogata denunció a los asaltantes, que fueron presa fácil de las armas gringas.

El fracaso militar de la incursión se convirtió en un hecho de primera magnitud por ser la primera ocasión que se atacaba a la nación norteamericana. El presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, que tenía una personal admiración por el Centauro del Norte, a quien consideraba como el único capaz de dirigir a la nación mexicana, lo llamó desde entonces bandolero y robavacas.

Pero Francisco Bulnes (4) pone los puntos sobre las íes cuando plantea: “Su ataque sobre Columbus no puede ser calificado como el acto de un bandido porque el que una fuerza de dos o trescientos hombres ataque una ciudad defendida por 650 soldados norteamericanos, bien equipados, bien dirigidos y bien armados, difícilmente puede ser llamado una bandolería”.

El ataque de Villa a Columbus fue su respuesta al reconocimiento que Wilson hizo del gobierno de Carranza, lo que suponía una traición del presidente norteamericano a la causa de Villa que había apoyado anteriormente.

Como resultado de este ataque, se inició una nueva invasión al territorio mexicano, al que ingresaron 15 mil soldados gringos al mando del general John J. Pershing, en lo que se llamó la Expedición Punitiva que tenía órdenes de capturar a Villa y llevarlo a Estados Unidos.

Se inició la invasión el 14 de marzo de 1916 y sus diversas acciones en territorio mexicano no dieron el resultado esperado, pues nunca atraparon a Villa, ni siquiera pudieron verlo de lejos ni evitar varias escaramuzas que tuvo contra el ejército de Carranza. Fue hasta el 5 de febrero de 1917 cuando salieron del territorio mexicano los últimos soldados norteamericanos destacamentados en esa operación.

La novela de Solares contiene mucha información, pero lo más importante es el conjunto de temas que pueden abordarse para establecer ensayos temáticos, como puede ser el odio a los yanquis, mucho más marcado en la línea fronteriza que en el resto del país.

El acierto de Ignacio Solares ha sido recurrir a su experiencia periodística para desarrollar su novela como si fuese una entrevista. Aún cuando nunca aparece el entrevistador, el entrevistado da rienda suelta a sus recuerdos siempre ante una copa de alcohol, empezando con bourbon y a partir del Jack Daniels con cerveza puede tomar lo que quiera, un vino blanco, un Bloody Mary, lo que sea, pues la entrevista ocurre en una cantina en Ciudad Juárez, propiedad del entrevistado.

Luis Treviño es el nombre de este personaje que nos llevará por los vericuetos de la lucha armada norteña comandada por Villa. Ex seminarista, Treviño se ve a sus 25 años como un bueno para nada, su tío Carlos le consiguió trabajo de bell-boy en el hotel Versalles y los fines de semana en el burdel del Chino Ruelas en la calle 16, que no estaba en la 16 sino en la Mariscal y el trabajo de Luis Treviño era repartir tarjetitas a posibles clientes con el verdadero domicilio del prostíbulo.

Para ese entonces Treviño tenía casi 25 años y era virgen, en parte por haber estado en el seminario y sometido por las penas del infierno que le esperaban si pecaba, con la amenaza en su conciencia del padre Roque que lo atormenta toda la vida.

Y es en el burdel del Chino Ruelas donde conoció a la primera mujer, Obdulia, hija de la regenteadora del local, una niña de 16 años que sería su mujer y con la que se iniciaría en la vida sexual y en la aventura con Pancho Villa.

Mejor en todos los aspectos que su hombre, Obdulia aprendió a disparar y a andar en caballo, pero por el hecho de ser mujer se le niega la posibilidad de ingresar como un soldado más en las filas revolucionarias.

A pesar de que Obdulia fue el amor de su vida, Treviño la descuida y deja que la maltraten en las faenas domésticas, que son peores que la lucha armada y, por supuesto, no revisten ningún interés, como el que sí despierta en la niña –como en su hombre- la posibilidad de entrar en combate.

Don Cipriano Bernal, el contacto para ingresar a las filas villistas, le había contado a Luis Treviño que Villa había fusilado a casi 100 mujeres con sus hijos porque, intentando convencerlas de que se unieran a sus filas, alguna le lanzó un balazo que le perforó el sombrero. Como ninguna quiso delatar a la autora, las mandó fusilar a todas. Al parecer, a partir de ese hecho funesto, Villa odiaba a las mujeres y no iba a permitir que una escuincla de 16 años, esposa de quién sabe quién, ingresara a su ejército.

El de las mujeres en la revolución es otro tema tentador, ya anunciado por Ricardo Flores Magón en su periódico Regeneración: “Bajo el imperio de la injusticia social en que se pudre la humanidad, la existencia de la mujer oscila en el campo mezquino de su destino, cuyas fronteras se pierden en la negrura de la fatiga y el hambre o en las tinieblas del matrimonio y la prostitución” (5).

Pero lo que está presente siempre en la novela es la relación entre el gobierno norteamericano y el mexicano, que ha sido siempre de agresión abierta o velada de aquél y de sumisión de éste.

Luis Treviño comienza su narración de hechos con la invasión que los gringos hicieron de Veracruz en 1914, a consecuencia de un hecho ocurrido en Tampico. Los marinos norteamericanos se posesionaron de la bahía, entraron al puerto y las fuerzas mexicanas abandonaron la población. Fue la población la que peleó contra los invasores, lanzándoles piedras y agua caliente desde las azoteas.

No todos los soldados mexicanos eran cobardes. El teniente Manuel Azueta luchó con una ametralladora hasta caer herido, cuando intentaron curarlo de sus heridas se negó: “De que me cure un cochino gringo a morir, prefiero morir” (6).

La actitud de Luis Treviño, que termina siendo derrotista, habrá de mantenerse durante casi toda su vida como la de un patriota que ve vulnerada su nación, a los gobiernos mexicanos entreguistas y tan sólo recobrado su sentido nacionalista gracias a la fallida incursión a Columbus como algo que fue vital.

Y lo dice: “Hincamos las espuelas al tiempo que gritábamos ¡Viva México! ¡Mueran los gringos!, con el corazón enloquecido afuera del pecho y la sensación de que violábamos lo prohibido, que nos metíamos a donde nunca nadie, en esa forma, se había metido, ¿quién nos lo quita?” (7).

Pero, a fin de cuentas, la novela nos hace cimbrar cuando la perorata de Treviño se convierte en algo cíclico, como la historia misma, como los hechos recurrentes de una historia interminable de sometimiento a la nación más poderosa del mundo.

La novela comienza y termina con las mismas palabras: “En realidad, no fue tanto por irme con Villa como por joder a los gringos, entiéndeme. Joder a los gringos fue, esencialmente, algo así como casarte in articulo mortis, como creer en la resurrección de la carne, como suponer que tus actos influyen en la salvación del mundo. Algo así. Pisteamos un rato y te cuento”.

Algo así como ver la existencia a partir de un trago, por más amargo que éste resulte.


Quetzalcóatl Rodríguez del Río









1 Solares, Ignacio. Columbus. 1ª ed. Alfaguara, México 1996. 2ª ed. Punto de Lectura, México 2002. 160 pp.
2 Ulloa, Berta. La lucha armada (1911-1920), en Historia general de México T. 2, El Colegio de México, 3ª ed. 1985.
3 Solares, Ignacio. Op. cit. p. 151
4 Bulnes, Francisco. Toda la verdad acerca de la Revolución Mexicana. 1ª ed. Libro-Mez, México 1977. 316 pp. 1000 ejs. Pág. 295
5 Flores Magón, Ricardo. Regeneración, 24 de septiembre de 1910.
6 Solares, Ignacio. Op. cit. pág. 12
7 Solares, Ignacio. Op. cit. pág. 152

19 julio 2009

La Desnudez del Asombro


Luis Ambroggio, nacido en Córdoba, Argentina. Ciudadano de los EE.UU, donde reside desde 1967. Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y del PEN. Su poesía está grabada en los Archivos de la Poesía Hispanoamericana en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos. Hace una semana en el Instituto Cervantes de Nueva York se llevó a cabo una mesa redonda en torno al libro El Cuerpo y la letra. Libro que habla de la poética de Luis Alberto Ambroggio y que ha sido publicado por la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Llega a Madrid para el lanzamiento de su último poemario La desnudez del asombro publicado por Lord Byron Ediciones, el 8 de junio. Oportunidad que nos permite entrevistarlo para hablar sobre algunas de sus experiencias, opiniones, su propia historia poética y política como hispano en los Estados Unidos, con la vigencia actual por la lucha de los derechos de los inmigrantes y la presencia cada vez más sobresaliente de la cultura hispanoamericana en el mundo estadounidense anglosajón.

La desnudez del asombro se presenta este lunes 8 de junio en Madrid. En la librería El Bandido Doblemente Armado. Contaremos con la presencia de Luis Ambroggio quien viene desde Washington, USA. Presentarán su libro los poetas Enrique Gracia Trinidad y Leo Zelada. Es a las 9 de la noche en calle Apodaca 3. Metro Tribunal. Ingreso libre.

1.- ¿Si bien es cierto que eres argentino casi toda tu vida la has desarrollado en Estados Unidos. Háblanos de tu experiencia literaria en Argentina y en United States?

Luis Ambroggio (LA): Aunque me han invitado y participo en Encuentros de escritores en Argentina, en la SADE y otras instituciones, tengo muchos amigos poetas, escritores y críticos literarios de Argentina (la Dra. Corda de la Universidad de Tucumán ha escrito mucho sobre mi obra), mi encuentro profundo y transformante con Jorge Luis Borges, el hecho de haber compuesto la letra de la canción “Dame el pan, Argentina” que grabó un importante conjunto musical de Argentina (Los Cuatro de Córdoba) y se utilizó en una campaña presidencial, mi creación literaria se da principalmente durante mi residencia/diáspora en los Estados Unidos, a donde llegué en 1967, en medio de la guerra de Vietnan y el movimiento beat, hippie, cuyo slogan era “Hagamos el amor y no la guerra”. Aquí mi experiencia literaria es parte de la presencia, la historia, la voz hispana/latina de los Estados Unidos, cantando la realidad de la antítesis de la euforia de un Whitman cuando versifica en “Hojas de Hierba” (Leaves of grass) “Los Estados Unidos son en sí el poema más grande”, pero de un modo asombroso también completando la belleza imperfecta y polifacética que son Nuestros Estados Unidos de Norteamérica en la difícil vivencia del sueño igualitario de los fundadores de la nación con su mosaico de etnias, religiones, culturas, experiencias de paz y guerra, heroísmo y salvajismo, a veces –contrariando sus principios fundacionales– en una triste relación antagónica, de discriminación, dentro de un paradigma de dominante-dominado, pero con un continuo propósito de mejoramiento. De allí mi propósito de escribir en español, documentar nuestra identidad e historia y esfuerzos por rescatar la poesía escrita en español en los Estados Unidos, poesía que precede a la Nación. De allí también que haya decidido crear en los años noventa una editorial y una revista de literatura hispana en los Estados Unidos y de promover nuestra cultura e idioma. No se entendería del todo mi propia creación poética sin este contexto estadounidense.

2.- ¿En tanto la cultura Latina es la principal minoría en USA ¿ cuál es la labor de la academia norteamericana de la lengua española en fenómenos como el Spanglish o la realidad bilingüe que se da en muchas ciudades de la patria de Whitman?

LA: La labor de la Academia Norteamericana de la Lengua española es gigantesca. Por una parte, preservar la lengua (el español), centro de nuestra identidad y comunión panhispanoamericana que va desde Alaska hasta la Patagonia, tratando de prevenir contaminaciones que vayan carcomiendo nuestra cultura y, por ende, el lenguaje español/castellano (el Americano, que invocaba Andrés Bello). Esto se hace dentro del entendimiento del que el idioma es un fenómeno vivo y vital, dinámico, sujeto a cambios, mutaciones. De allí que entre las preocupaciones lexicográficas de la Academia, se den proyectos de Diccionarios de Hispanoamericanismos en los Estados Unidos, Diccionarios de Términos Equívocos y otros proyectos similares, además de programas de difusión de la literatura escrita en español en los Estados Unidos y sus figuras, como los libros sobre Odón Betanzos Palacios, los escritores españoles en los Estados Unidos y el libro con que me honró relacionado con mi poética “El cuerpo y la letra”. Al mismo tiempo la Academia ha firmado un acuerdo con el Gobierno para el asesoramiento en el uso del español en documentos y escritos oficiales y, por ejemplo, participó ampliamente en la reciente publicación por parte del Instituto Cervantes y la Editorial Santillana de la Enciclopedia del Español de los Estados Unidos, en la que he colaborado con entusiasmo y cuya presentación organicé el año pasado en la Biblioteca del Congreso, con la convicción de un visionario Tomas Jefferson que le envía un Diccionario de Español a su sobrino diciéndole: “La lengua española. Préstale mucha atención y procura conocerla en detalle. A causa de nuestras relaciones venideras con España y la América hispánica esa lengua llegará a ser una adquisición de mucho provecho. La historia de gran parte de América se ha escrito en ese idioma. Te envío un diccionario”.

3.- ¿Cómo ves el fenómeno de la literatura escrita por autores latinoamericanos o norteamericanos de ascendencia latina, más precisamente el éxito de Roberto Bolaño en Estados Unidos con su novela 2666 y el premio Pulitzer entregado a Junot Díaz el 2008 ¿Se podría hablar de un auge de nuestra literatura en tierra del tío Sam?
LA: Entusiasmado y lleno de futuro. No me sorprende por la presencia cada vez más significativa de una población hispana en los EE.UU, que supera ya los 50 millones de hispanoparlantes. También, de más relevancia, debido al creciente interés por el estudio de la literatura española e hispanoamericana a nivel de bachillerato y universidades. Al dominicano Junot Díaz que crece en New Jersey lo precedió en el prestigioso premio Pulitzer Oscar Hijuelos que escribió el prólogo de mi antología bilingüe recientemente publicada “Difficult beauty”. La obra de Roberto Bolaño, parafraseando una de sus citas, muestra que la literatura del siglo XXI pertenece a unos pocos de nuestros hermanos de sangre. Así sucedió con su obra póstuma 2666 que recibió en el año 2008 el prestigioso reconocimiento de Libro Nacional por el Círculo de críticos (National Book Critics Circle Award). Este interés y reconocimientos, si bien aún marginales, lo corrobora la presencia de libros en español en la Feria del libro de los Estados Unidos en Español que se está llevando a cabo en Nueva York durante estos días. Según el ICEX, Estados Unidos se ha convertido en uno de los destinos más importantes de libros en español en todo el continente americano. Un consuelo precario en la continua pérdida generalizada de lectores y afición por la lectura.

4.- ¿En el epílogo a La desnudez del asombro, tú último poemario, dices: “La verdadera literatura se alimenta de la incertidumbre” ¿Puedes explicarnos el significado de ese párrafo?

LA: Lo insinúo en compañía de Kafka, Beckett, la fantasía de Jorge Luis Borges y la sabiduría de los antiguos maestros en su continua búsqueda. La poesía es una búsqueda. Si supiésemos el final de la trama, ella carecería de sentido. Si hay certidumbre no cabe la posibilidad de aprender o de explicar, del intento o interés por conocer. Escribimos para entender, para entendernos, también digo en el epílogo del libro parafraseando un diálogo entre Paul Auster y Eloy Tomás Martínez. Contradiciendo a Roberto Juarroz sostengo que toda pregunta es una esperanza y toda respuesta dogmática puede encerrar un fracaso, más allá de las posibilidades poéticas de una metafísica del silencio. La literatura es un esbozo en el intento, muchas veces fallido, de descifrar enigmas, parodiar interrogantes, expresar misterios, en una ausencia de anclajes, transitoriedad en el mapa de las emociones.

5.- En La desnudez del asombro veo un dialogo interesante entre el lirismo de los clásicos y cierto coloquialismo contemporáneo ¿Tú sigues esta tradición latinoamericana de fundir el lenguaje culto con el popular?

LA: La profesora Kathleen O’Connor-Bater se ha referido a mi poética como neo-modernista. Creo que pasamos por el coloquialismo de las vanguardias y las alteridadespost-modernistas a reencarnar el lirismo y cierta figuras y figuraciones de forma y fondo de los clásicos, de nuestros clásicos, en ese reencuentro que le hace decir, por ejemplo, a un Jorge Luis Borges de Rubén Darío “Quienes alguna vez lo combatimos comprendemos hoy que lo continuamos. Lo podemos llamar liberador”. Recuerdo el primer libro de poesía que tuve: una antología de César Vallejo y mi acercamiento a unos de mis poetas americanos preferidos, Williams Carlos William. Un poeta es poeta de muchos poetas; me honra y fascina esa misteriosa comunión, que se refleja en la forma (lirismo/coloquialismos) como en la mezcla fertilizante entre el lenguaje culto y el popular.

6.- ¿Cuál es la poética que desarrollas en La Desnudez Del Asombro?

LA: Creo que es la poética de compromiso, rebelde, de nostalgia, desarraigo y testimonio que caracteriza a la literatura escrita en español en los Estados Unidos.Trato de decir lo mío, pero desde el pueblo que soy y del que formo parte con todas mis raíces, la América Latina hispana que vive y configura los Estados Unidos. Como dijo nuestro querido poeta Mario Benedetti “a través de los poemas pasa la historia de nuestros pueblos”. Para mí el poema revela el inconsciente universal en solidaridad con el mundo que es el individuo dentro de ese pueblo desde donde sale su voz, aún en silencio. Siempre sostuve que la poesía nace del asombro, la inconformidad, del compromiso que hacemos con nuestro tiempo y espacio, presencia y testimonio desde las raíces que nos habitan, nuestra historia, el alma de nuestros pueblos. De allí que este poemario recoja íconos, mitos, citas bíblicas, tradiciones y experiencias, para formular un imaginario de cuestionamiento de apariencias, de asombro, a partir de epigramas de Nietzsche y la centralidad de lo asombroso.

7.- Creo que la nostalgia es un signo de identidad del escritor latinoamericano que reside en el exterior ¿Se podría decir que la nostalgia no sólo del país, sino de la lengua está presente en La Desnudez del Asombro?

LA: La lengua es el anclaje en esta estadía en la soledad en donde reside el escritor latino/hispanoamericano fuera de su país de origen, de nacimiento, de raíz política y cultural. Los críticos han señalando que en este transtierro/destierro/exilio/diáspora o como quiera llamársela, el aferramiento a un cuerpo físico, o de recuerdos, o en el amor, al cuerpo de la familia, de los padres de los ancestros, del país, del pueblo, o a un cuerpo idiomático es característico e identitario de su escritura. Como Vallejo mitigaba su desarraigo con el aferramiento a la piedra de sus referentes andinos, el mío en La Desnudez del Asombro, como en todos los poemarios y la lucha de cada día, ha sido efectivamente a la Lengua, que nos une, nos permite comunicarnos y nos identifica dentro de nuestro panamericanismo. Es un modo de luchar contra la nostalgia, la pérdida, el discurso de la derrota frente al hegemonismo del discurso dominante, la opacidad confusa de las identidades impuestas, manipuladas. La lengua de algún modo centro ante la marginalización. La lengua, en fin, frente a la nostalgia, afirmación o, mejor aún, reafirmación.
Leo Zelada Grajeda

18 mayo 2009

LAUTRÉAMONT

  

El 4 de abril se cumplió un nuevo aniversario del nacimiento en Montevideo de Isidoro Duchasse, más conocido por Lautréamont, una de las figuras emblemáticas de la modernidad poética. El poeta y ensayista uruguayo Diego Techeira, autor del libro “Lautréamont, la construcción permanente”(Solazul ediciones, Montevideo, 2000)  aporta a nuestra revista el siguiente artículo. 

 

Isidoro Ducasse, poeta canonizado por el surrealismo, conserva hasta el presente su estigma de autor  “maldito”. Ello debido a que su implacable crítica a las convenciones morales y lingüísticas no han podido ser absorbidas o neutralizadas por la institucionalización o la moda.

Eso es lo que ha sucedido con la casi totalidad de aquellos creadores o movimientos que en su momento supieron engendrar la semilla del escándalo en diferentes etapas de nuestra cultura burguesa. La misma que a mediados del siglo XIX enjuició a Baudelaire y censuró sus Flores del mal. La que más adelante, comandada por oligarquías nacionalistas (habiendo hundido al mundo en el lodazal sangriento de la primera Guerra Mundial y conduciéndolo irresponsablemente hacia la segunda) se autoproclamara autoridad moral, e hiciera alarde de su celo por las “buenas costumbres” despachándose contra el credo iconoclasta de los surrealistas. Llegados los años sesenta, multitudes juveniles que aspiraban a “abrir las puertas de la percepción” y crear un mundo en el que fuera posible llevar “la imaginación al poder”, acabarían por transformárse en el chivos expiatorios de un lenguaje político que en nombre de la tan mentada “guerra fría” justificó las más ardientes pasiones criminales de las que el despotismo de una potencia o de un régimen militar impuesto por la misma pueden ser capaces.

Todas esas manifestaciones de rebeldía pasaron con el tiempo a formar parte de una historia que terminó por neutralizarlas, integrando el lenguaje que las caracterizaba a rentables tendencias de mercado y a una publicidad carente de límites éticos (siendo en ocasiones, bien mirado, lo que se presenta con formato artístico, una velada propaganda). El precio que paga por esto la sociedad es el de exhibir características esquizoides, proclamando (por ejemplo, a través de esa enorme industria de propaganda que es Hollywood por lo general) idílicas y hasta frívolos ejemplos de “libertad de expresión” que, bien sabemos, no resistirían ser puestos a prueba en la vida cotidiana del hombre común.

En definitiva, haciendo a un lado la mera expresión verbal o artística (esta última, a veces, entre comillas), poco es el terreno que se ha avanzado a favor de la verdadera libertad individual. Mejor diríamos que lo que han existido son marchas atrás con sus correspondientes y lentos retornos a donde estábamos antes (algunos insisten en llamar a eso “progreso”).

Pero (y aquí llegamos a lo que nos interesa destacar) por tratarse precisamente la mayor libertad lograda la que corresponde al terreno del lenguaje, difícilmente alguien (más allá de que sí se pueda sorprender) se escandalice demasiado ya con las obras de Baudelaire, Rimbaud, Tristan Tzara o inclusive William Burroughs. Ya estamos vacunados de espanto.

Si embargo, cuando hablamos de Lautréamont, el caso es sustancialmente distinto. 

Apariencias desnudas 1

Una de las características más notables de la poesía moderna consiste en su independencia respecto a cualquier parámetro exterior a su propia experiencia creativa. La proposición de una forma distinguible del contenido pasó a ser, para los artistas más comprometidos con su creación, un falso dualismo. La adecuación a una estructura determinada o a cualquier tipo de precepto será desechada rotundamente a favor de la más absoluta libertad formal para que el creador pueda desarrollar a través de su obra el lenguaje que ésta misma le imponga y no lo que le imponga la tradición o la moda.

A partir de la revolución romántica la creación artística es entendida y valorada en función de su intensidad expresiva, siendo cada experiencia creativa la que dictamina sus propias necesidades estéticas. Desaparece la noción de “estilo”, en la medida de que cada una de esas experiencias de creación es única e irrepetible. La prolongación de una fórmula estética significa estancamiento, limitarse uno mismo.

El vínculo que se establece entre la poesía y el lenguaje desarrolla entonces un proceso de descubrimiento de lo real que desecha la apariencia para alcanzar revelaciones de importantes márgenes de la realidad (del mundo y de la propia condición humana) a las que sólo mediante la intuición es posible tener acceso, quedando definitivamente establecido que la razón es un instrumento muy limitado de conocimiento. Einstein en el plano de la física y Freud en el de lo psicológico, serán los encargados de llevar a cabo en el campo de la ciencia el correspondiente derrumbe de preconceptos sostenidos en los razonables silogismos de lo aparente. 

Un rastro perdido 

            

Son muy pocos los datos acerca de la vida de Ducasse. El poeta que escribiera “Yo no dejaré memorias”, parece haber cumplido al pie de la letra con tal iniciativa. Casi podría decirse que el acceso a la escasa información biográfica de que se dispone no ha sido posible gracias sino a pesar de él.

            La publicación del Canto I de Maldoror en forma de folleto no lleva firma, y la versión definitiva publicada en la edición de Los Cantos de Maldoror se la identifica con un seudónimo: Conde de Lautréamont. Se hace por lo tanto evidente su interés en independizar a la obra del autor.

            Los biógrafos, sin embargo, se han servido de la creación poética para alzar ciertos espectros a modo de representación del misterioso hombre que la escribió. El recurso más frecuente ha sido el identificarlo con el protagonista de los Cantos, lo cual sólo puede ser interpretado seriamente como una aberración.

            Todo parece apuntar en la dirección señalada por el propio Ducasse cuando escribiera: “Busquemos ese cuerpo que no puede hallarse y que sin embargo mis ojos distinguen; merece de mi parte las más efusivas expresiones de una admiración sincera. El fantasma se burla de mí: me ayuda a buscar su propio cuerpo. Si le hago señas de que se quede en el lugar en que está, he aquí que repite mis propias señas...”. Precisamente una de las características del la obra de Duchase, señalada tempranamente por Roger Caillois, es la de adelantarse a todo intento de interpretación, burlarse de tales pretenciones parodiándolas.

            Entre los trazos documentales que nos permiten construir un esbozo biográfico de Ducasse, se cuenta con las actas de nacimiento y de bautismo: Isidore-Lucien nació en Montevideo el 4 de abril de 1846, hijo del diplomático francés François Ducasse, de 36 años de edad y de Célestine-Jaquette Davezac, de 24 años. Fue bautizado el día 16 de noviembre de 1847, habiendo ya para entonces fallecido su madre. Viajó a Francia por vez primera en 1859, con el propósito de estudiar, matriculándose en el Liceo de Tarbes para, a partir de 1863 continuar sus estudios en el Liceo de Pau. En 1865 se pierde todo rastro documental del poeta quien en 1865 realiza un viaje al Río de la Plata, visitando Montevideo y probablemente la provincia argentina de Córdoba.

            El Canto I se publicó en 1868, seguido, al año siguiente por la edición del volumen completo de Los Cantos de Maldoror. Los datos biográficos, a partir de entonces, se ven reducidos a algunos cambios de domicilio en París y a la publicación, en junio de 1870, de una obra tan detonante como la primera: una paródica revisión a la retórica y a los tratados de estilo, titulada Poesías.

            Isidore Ducasse falleció a las ocho de la mañana del jueves 24 de noviembre de 1870 en el número 7 de la calle de Faubourg-Montmartre, según consta en el acta de defunción, que se refiere al joven como “hombre de letras”, pero se cierra enigmáticamente “sin otra información”, dejando sin establecer las causas del deceso. 

El tortuoso camino de la obra           

           

La edición de Los Cantos de Maldoror, salvo los veinte ejemplares entregados al autor, fue retenida por su editor, Lacroix, quien temiera a la reacción de los funcionarios encargados de la censura.

            Un librero belga adquirió en 1874 los fondos de la editorial, entonces quebrada, pero tampoco se atrevió a distribuir el libro. Debieron pasar 11 años para que decidiera mostrar un ejemplar a uno de los miembros del grupo literario La Jeune Belgique, del que formaba parte Iwan Gilkin, quien dio el primer espaldarazo a la promoción del libro. Convenció a sus amigos de comprar varios ejemplares, algunos de los cuales fueron enviados a Francia, y por esa vía llegó a manos de León Bloy, quien hace la primer referencia a Lautréamont en su novela El desesperado. Dice que se trata la suya de “una obra única y llamada a tener probablemente resonancia” pero que “carece de forma literaria; es lava líquida, algo insensato, negro y devorador”.

            Así se inicia la leyenda negra de Lautréamont. Bloy agregaría en un artículo que el autor de ese libro “murió en reclusión” (imposible imaginar el origen de semejante error) e insistía en la locura del escritor, recomendando evitar la lectura de Los Cantos de Maldoror.

            Rubén Darío conservó la misma actitud cuando, a través de su libro Los raros, lo presentó al público castellano con frases como: “No hay que jugar al espectro porque se llega a serlo”, o “quien ha escrito los Cantos de Maldoror puede muy bien haber sido un poseso”.

            Ducasse dejó muy claro que esperaba tales reacciones, al increpar en el inicio mismo de la obra al lector, incitándolo provocativamente a abandonar su intento de continuar la lectura y penetrar “semejantes landas inexploradas”. 

El triunfo de la imagen 

            La importancia adjudicada a la obra de Ducasse tiene como directos responsables a los miembros del movimiento surrealista, que adoptaron una defensa intransigente e incondicional de aquellos escritos que confirmaban como ningún otro el postulado de Breton: “La belleza será convulsiva o no será”.

            Semejante reversión del concepto de belleza encuentra su estandarte en la famosa comparación de Lautreámont: “hermoso como el encuentro fortuito entre un paraguas y una máquina de coser sobre una mesa de disección”.

            La influencia de Ducasse sobre el surrealismo no se reduce al ámbito poético. Probablemente Marcel Duchamp sea quien más aprovechó la ruptura de los vínculos entre el objeto y el concepto propio de la obra ducassiana, y por esa vía (hay que recordar que Duchamp radicó en los Estados Unidos) el movimiento de artistas conceptuales de los años 70 le debió a Ducasse seguramente más de lo que sus propios exponentes pudieron ser capaces de imaginar.

            André Breton exigía de los artistas “el ojo en estado salvaje”. Si Lautréamont es considerado el padre indiscutido del espíritu surrealista se debe, precisamente, a esa característica que en su obra alcanza a ser por momentos radical: la imagen y la palabra, en estado salvaje, no representan al mundo sino que lo presentan. El método es crearlo

Diego Techeira: 

http://mx.geocities.com/artecheira_web


1 Apariencia desnunda: Adopto por coincidir con la idea que quiero expresar el título de un libro de Octavio Paz acerca de la obra de Marcel Duchamp.

17 marzo 2009

Y al final morir

Busqué una palabra que significara todo…
Y la encontré cuando dije tu nombre.
Sihara Nuño

Inevitable como el batir de alas en una libélula, inevitable como el eco de las olas en el mar, así es, inevitable el valor de soñar. Imposible vivir sin respirar, la vida es… me parece, una hipnosis que transformamos en realidad. Eso a lo que cada uno de nosotros llamamos vida, nuestra verdad. Pero ¿al final?, al final cuando el encanto se ha roto, cuando la hipnosis termina como pinchazo de abeja indefensa, cuando la ilusión se hace nula y se nos termina (como dijera Albert Camus) la sed de la vida, entonces nos viene la inevitable muerte.

Cuando todo ensueño acaba podemos pensar: “que suerte la de estar muerto y no recordar nada de aquello que murió antes que nosotros”. Sí, el muerto ya no piensa, ya no siente, ya no evoca recuerdos de una juventud vigorosa, ya no evita pensar en los besos secos del amante, pues que fortuna.

Sin embargo hay quienes no mueren al tiempo, ni al fin de la materia, ni cuando los ojos son incapaces de deslumbrar su propia realidad, hay quienes enterrando el cuerpo tierra abajo descansan el alma y hay quienes cargan con sus muertos de regreso a casa. Este es Luigi Pirandello, quién en “Los huéspedes del recuerdo” vive con muertos que siguen vivos a través de él, porque los muertos no mueren cuando uno los piensa.

Este es un claro ejemplo de por qué lloramos cuando la muerte se hace presente, le lloramos al que nos arrebató parte de nosotros mismos cuando decidió que las manos se le pusieran tiesas al no tener motivos de sueño, lloramos a lo que ya no vemos de nosotros cuando aquél cerró sus ojos, y lloramos porque al final hay que morir.

Y para ponerme un poco menos poética y sí más académica sigamos hablando de otro excelente escritor y sus muertos. Es importante y fundamental, según mi punto de vista, conocer un poco del perfil de Fernando Pessoa, ya que nos permite entender la actitud de este escritor. Habitaba en él la necesidad de expresar una gran diversidad de ideas y estilos, místico, creyente de las propuestas masónicas, tenía fe en las reencarnaciones, en la vida en los diversos planos. Por ello la creación de sus heterónimos, sus otros yo con otras cosas que decir. Así mismo su poesía es una eterna reflexión, el amor, la música, la belleza y ese dios natural que nos comparte la vida. Con pensamientos sumamente profundos profesa sus ideales a la vida, a la muerte, al tiempo, a la añoranza de su tierra, creando palabras sin traducción como lo es saudade: añoranza por Portugal.

Conocedor de ciencias ocultas, describe el alma, la lluvia como una luz divina que lo iluminaba en la oscuridad, el temor de ser y no ser nada lo afirma él. Es consciente del ciclo de la vida y de la muerte y para tener el claro ejemplo:

“y cada lluvia que se enciende es mas lluvia golpeada en el cristal… y se apagan las luces de la iglesia en la lluvia que cesa”

Fernando Pessoa tuvo relaciones con el ocultismo y el misticismo, especialmente con la masonería y los Rosacruces (si bien no se conoce ninguna afiliación concreta a una logia o fraternidad de esas organizaciones), habiendo inclusive defendido públicamente las organizaciones iniciáticas en el "Diario de Lisboa", el 4 de febrero de 1935, contra los ataques por parte de la dictadura del Estado Novo. Su poema hermético más conocido y apreciado entre los esoteristas se titula "En el túmulo de Christian Rosenkreutz". Tenía la costumbre de hacer consultas astrológicas para sí mismo (según consta en su partida de nacimiento, nació a las 15h 20m; tenía ascendiente Escorpión y el Sol en Géminis). Realizó más de mil horóscopos.

Cierta vez, leyendo una publicación inglesa del famoso ocultista Aleister Crowley, Fernando encontró errores en el horóscopo y escribió al inglés para corregirlo, puesto que era conocedor y practicante de la astrología, conocimientos que impresionaron a Crowley, quien, aficionado a los viajes, llegó a ir a Portugal para conocer al poeta. Junto con él fue la maga alemana Miss Jaeger, quien se carteó con el poeta utilizando un pseudónimo ocultista. El encuentro fue amigable, pese a los graves desequilibrios psíquicos y espirituales que ya por entonces Crowley tenía y enseñaba.

Entre todos los heterónimos, Campos fue el único en manifestar fases poéticas diferentes a lo largo de su obra. Era un ingeniero de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo.

Comienza su trayectoria como un decadentista (influenciado por el Simbolismo), pero luego se adhiere al futurismo. Tras una serie de desilusiones con la existencia, asume una vena nihilista, expresada en aquel que es considerado uno de los poemas más conocidos e influyentes de la lengua portuguesa: Tabacaria.

El heterónimo Ricardo Reis se define como latinista y monárquico. De cierta manera, simboliza la herencia clásica en la literatura occidental, expresada en la simetría, armonía, y un cierto bucolismo, con elementos epicúreos y estoicos. El fin inexorable de todos los seres vivos es una constante en su obra, clásica, depurada y disciplinada.

Según Pessoa, Reis se trasladó a Brasil en protesta por la proclamación de la República en Portugal, y no se sabe el año de su muerte.

José Saramago, en El año de la muerte de Ricardo Reis continúa, en una perspectiva personal, el universo de este heterónimo. Saramago hace reencontrarse a Fernando Pessoa, ya muerto, con su heterónimo, que sobrevive a su creador.

Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino casi sin estudios formales (sólo cursó la instrucción primaria), pero es considerado el maestro entre los heterónimos (inclusive por el ortónimo*). Muertos su padre y su madre, se quedó en casa de una tía-abuela, viviendo de una renta modesta. Murió de tuberculosis. También es conocido como el poeta-filósofo, pero él rechazaba ese título y pregonaba una "no-filosofía". Creía que los seres simplemente son, y nada más: se irritaba con la metafísica y cualquier tipo de simbolismo de la vida.

De los principales heteronimos de Fernando Pessoa, Caeiro fue el único que no escribió en prosa. Alegaba que solamente la poesía sería capaz de dar cuenta de la realidad.

Poseía un lenguaje estético directo, concreto y simple, pero aun así bastante complejo desde el punto de vista reflexivo. Su ideario se resume en el verso "Hay suficiente metafísica en no pensar nada".

Y aquí los dejo con algunas reflexiones para contemplar en la pared.

Sihara Nuño

*Nombre que designa a un escritor real que ha creado varios heterónimos.

17 febrero 2009

MUTACIONES FOSILIZADAS
(Historia de un futuro antiguo)


Zona norte, 19, Febrero, 2009 D.C.

La significación que tiene la prehistoria para la historia del mundo es algo tan diverso que hasta la fecha sospechamos todavía no hemos visto nada.
La comunidad paleontóloga de investigación de la “Sociedad Universal para el Restablecimiento de la Tierra” (SOUNRETI) ha iniciado durante varias décadas una exploración en la zona norte del planeta; obteniendo resultados en el año 2006 D.C. (Después de la catástrofe) al hallar fósiles animales dentro de una cueva subterránea bajo las capas ígneas, que al parecer en la antigüedad fue un depósito de agua.

Los científicos especulan que se trata de seres que vivieron aproximadamente hace cinco mil años. Algunos discuten que esta teoría carece de datos contundentes y que no sólo existieron hace miles de años, sino, millones. En lo que sí están de acuerdo, es en creer que estos animales evolucionaron en su estructura física tanto externa como interna gradualmente, conforme el planeta cambió de clima.

Imágenes fósiles:


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01 ARQUESARRASALMUS. (K -2006)
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02 CALIGO TEUCE OENOTHERO BIENNIS. ( GT-2007)
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03 CHAC-MOL. (GOMO--6903)
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04 PHASEOLUS CARACALLE BUTHUS OCCITANUS. (GARAN-2007)
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05 TRITURUS MARMOTATUS VERNÁCULO. (GOMO-0330)
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06 APIS VERNÁCULO. (INT-2006)
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.Obed González

26 enero 2009

Nocilla Experience
Breve paseo por la nueva narrativa iberoamericana


Recientemente un diario español abrió un debate sobre movimientos generacionales que involucran a la Nueva Narrativa Hispanoamericana, el punto de partida de tal debate (que se puede considerar como la secuela del famoso Boom Latinoamericano) se encuentra en 1996. En ese año coinciden dos generaciones de escritores que proponen revolucionar la literatura.

Por un lado, al norte del continente americano los chilenos Alberto Fuguet y Sergio Gómez, después de ser “marginados” en un reportaje por parte de un editor de una prestigiosa revista literaria, con el argumento de que sus textos carecen de “realismo mágico”, se proponen a realizar una antología de narradores hispanoamericanos llamada McOndo (Mondadori 1996, Barcelona). Obviamente es una burla, una sátira y una forma de darle carpetazo final a ese recurso narrativo tan usado y abusado por algunos escritores latinoamericanos.

McOndo contiene textos de escritores que nacen cerca de 1960 y escriben en español. Otro dato: son poco conocidos en sus países y algunos (la mayoría) viven fuera de sus lugares de nacimiento. La nómina de dicha edición la conforman: Juan Forn, Rodrigo Fresán, Martín Retoman (Argentina); Edmundo Paz Soldán (Bolivia); Santiago Gamboa (Colombia); Rodrigo Soto (Costa Rica); Leonardo Valencia (Ecuador); Martín Casariego, Ray Lóriga, José Ángel Mañas y Antonio Domínguez (España); Jordi Soler, David Toscaza y Naief Yehya (México) Jaime Bayly (Perú) y Gustavo Escanlar (Uruguay). Además de los antologadores.

Paradoja: se tiene que cruzar el Atlántico y llegar a España para que una editorial edite y distribuya tu obra en tu continente.

McOndo fue un buen intento por parte de escritores jóvenes para mostrar su trabajo. El impacto, en cierta medida fue bueno. ¿O malo? Se abrieron las puertas a los jóvenes narradores, se dio a conocer una generación importante, muchos de ellos fueron absorbidos, contratados y premiados por las grandes editoriales transnacionales y los ojos volvieron a ver a Latinoamérica.

No muy lejos, en la región más transparente de este país, un grupo de amigos, a saber: Pedro Ángel Palau, Eloy Arroz, Ignacio Padilla, Ricardo Chávez Castañeda y Jorge Volpi se reúnen para escribir 5 novelas y publicarlas. Incluido un manifiesto. Entre las propuestas expuestas en el mencionado manifiesto (Manifiesto del crack) destacan, entre otras: definirse a sí mismos como herederos de la novela que llaman profunda y señalar una ruptura con el movimiento anterior, el Boom y escribir novelas profundas, con exigencias, arriesgar estética y formalmente.

En un principio, poca atención por parte de la gente y la crítica hacia este grupo de amigos escritores. Pero 3 años después, Jorge Volpi se haría acreedor del premio Novela Breve que otorga la editorial Seix Barral. En busca de Klingsor la obra ganadora. Al año siguiente Amphitryon de Ignacio Padilla se hace acreedora del Premio Primera Novela otorgado por la editorial Espasa Calpe. Novelas similares en trama (ambas tratan sobre el nazismo) catapultaron hasta el cielo a estos escritores. ¿Comentarios? Sí, y muchos, como la sobrevalorización de En busca de Klingsor al nivel de La ciudad y los perros de Vargas Llosa por parte de Cabrera Infante. Caso aparte el saludo de Gabo a Volpi en una FIL, de Guadalajara. García Márquez, felicita al único escritor que es mejor que él.

Ambos movimientos tuvieron su impacto y se puede cuestionar su importancia como revolucionarios de la literatura, aunque la diferencia más grande en ambos, es que el crack sólo se dio en México. Y bueno, poca gente ha leído las novelas de Padilla o de Palau.

Y ahora, en España, 10 años después de esos acontecimientos literarios (¿o editoriales?) aparece una novela que convulsiona a la crítica en España: Nocilla Dream (Ed. Candaya) de Agustín Fernández Mallo (Licenciado en Ciencias Físicas). Narración fragmentada con abundantes referencias a elementos de la cultura pop, música indie y el cine norteamericano, ¿Una suerte de éxito mediático?

Nocilla es el nombre de la crema de cacao conocida por nosotros como Nutella. La idea surge de una canción del grupo español Siniestro Total: ¡Nocilla, qué merendilla!
Temporalmente, esta obra, que es parte de un proyecto que incluye un par de novelas más (Nocilla Lab y Nocilla Experience) coincide con el modelo de obra y creador posmodernos: la citación, el pastiche, el azar, lo fragmentado, además de que la distancia entre creador y lector es muy corta.

En cambio, Eloy Fernández Porta, con un discurso más sólido presenta un par de libros: Afterpop, la literatura de la implosión mediática (Berenice, 2007) y Homo Sampler, tiempo y consumo en la era Afterpop (Anagrama, 2008). Esta crítica pop, iniciada como avant-pop en el 2000, tiene como fin, utilizar formas de la cultura de masa (a.k.a. cultura pop) para subvertir el mercado, situando y valorizando estas creaciones dentro de la historia de la literatura.

Y para finalizar, se presenta El futuro no es nuestro. Narradores de América Latina nacidos entre 1970 y 1980. Antología que reúne a 67 escritores latinoamericanos: la novedad. La antología se puede consultar en la web: www.piedepagina.com y que inicia con una pregunta: ¿Quién de nosotros se quedará en la historia? Una edición que nos muestra el panorama de lo que se está haciendo en Iberoamérica.

Sólo el tiempo pondrá a cada quién en su lugar y nos dirá si los éxitos de ventas y premios son el reflejo de la calidad de esas obras. Lo que es cierto, es la influencia de estos escritores en la literatura de Hispanoamérica.


Miguel Avilés

Bibliografía:

Fernández Mallo, Agustín. Nocilla Dream. 2006. España

VV.AA. Invasores de Marte. Mondadori, 2000. España.

Fuguet, Alberto y Gómez, Sergio. McOndo. Mondadori, 1996. España

ABCD. 880, semana del 13 al 19 de diciembre de 2008.

VV.AA. El futuro no es nuestro. Narradores de América Latina nacidos entre 1970 y 1980 en www.piedepagina.com

21 septiembre 2008

El Campo que nunca lo fue
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La poesía de Robert Frost fue, durante décadas catalogada como rural y coloquialista. Considerado el poeta norteamericano más sobresaliente en la vida del campo de principios de 1900 (a pesar de haber vivido mayormente en la ciudad) legó un vasto registro poético que es evidencia de cómo la poesía no sólo es herramienta de temas superiores, sino también para describir lo cotidiano. Sin embargo a Robert Frost (1874-1963) lo persiguió la tragedia durante toda su vida: su padre murió de tuberculosis cuando él tenía 11 años, su madre murió de cáncer de pulmón quince años después, tuvo que internar a su hermana menor Jeani en un hospital psiquiátrico donde murió nueve años después; Frost siempre sufrió de depresión y ansiedad, su primer hijo Elliot murió de cólera a los ocho años de vida, su segunda hija Lesley fue la única en sobrevivirle, su tercer hijo Carol se suicidó a los 38 años, su cuarta hija Irma también fue internada en un manicomio por el propio Frost, su quinta hija Marjorie murió a los 29 de fiebre mientras daba a luz, y su última hija Elinor murió tan sólo tres días después de nacer; por último, su esposa murió de un doloroso cáncer de pecho en 1938.



La poesía de Robert Frost, a pesar de ser vivaz y con tendencias optimistas, está manchada de este profundo dolor de el poeta sufrió durante tantos años. Entre esas líneas se esconden profundas visiones pesimistas y cargadas del más humano sufrimiento. Esto ha pasado desapercibido o no se había reconocido por muchos años. Precisamente los tres poemas que leeremos tienen estas tendencias.



ELCAMINO NO ELEGIDO


Dos caminos se bifurcaban en un bosque amarillo,

Y apenado por no poder tomar los dos

Siendo un viajero solo, largo tiempo estuve de pie

Mirando uno de ellos tan lejos como pude,

Hasta donde se perdía en la espesura;

Entonces tomé el otro, imparcialmente,

Y habiendo tenido quizás la elección acertada,

Pues era tupido y requería uso;

Aunque en cuanto a lo que vi allí

Hubiera elegido cualquiera de los dos.

Y ambos esa mañana yacían igualmente,

¡Oh, había guardado aquel primero para otro día!

Aun sabiendo el modo en que las cosas siguen adelante,

Dudé si debía haber regresado sobre mis pasos.

Debo estar diciendo esto con un suspiro

De aquí a la eternidad:

Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,

Yo tomé el menos transitado,

Y eso hizo toda la diferencia.

Alto en el bosque en una noche de invierno

Me imagino de quién son estos bosques.

Pero en el pueblo su casa se encuentra;

no me verá parada en este sitio,

ante sus bosques cubiertos de nieve.

Mi pequeño caballo encuentra insólito

parar aquí, sin ninguna alquería

entre el halado lago y estos bosques,

en la noche más lóbrega del año.

Las campanillas del arnés sacuden

como si presintieran que ocurre algo…

Sólo se oye otro son: el sigiloso

paso del viento entre los copos blandos.

¡Qué bellos son los bosques, y sombríos!

Pero tengo promesas que cumplir,

y andar mucho camino sin dormir,

y andar mucho camino sin dormir.


SIEGA



En la linde del bosque no había más sonido

que el leve cuchicheo de una larga guadaña

hablando con la tierra. No sé qué le diría.



Quizás le contaba algo sobre el calor del sol,

o quizás algo acerca de aquel vasto silencio,

y por esto su voz no era más que susurro.

No le hablaba de un sueño nacido de los ocios,

ni de oro regalado por algún hada o duende:

fuera de la verdad, todo parece frágil

para el ferviente amor que alineó gavillas,

no sin dejar algunas flores (blancas orquídeas),

y asustó a una serpiente de un verde coruscante.


El sueño más hermoso que el trabajo conoce

son los hechos. Mi larga guadaña susurró,

y olvidóse del heno.




UNA VEZ, JUNTO AL PACÍFICO



Las aguas agitadas con gran fragor rompían.

Y las olas cimeras, al ver las que venían,

hacer algo querían a la costa cercana

que el mar jamás ha hecho a la tierra su hermana.

Bajas e hirsutas eran las nubes en el cielo,

como guedejas sobre unos ojos de anhelo.

Diríase, en verdad, sin poder dar razones,

que agradaba a la costa tener sus farallones,

y a éstos ser sostenidos por todo un continente.

Se acercaba una noche de tiniebla evidente,

y no sólo una noche, sino una época horrible.


Habría que aprestarse contra un furor posible,

pues vendría algo más que olas en algazara

cuando su último ¡Apáguese la luz! Dios decretara.

Javier Manuel Urrieta

20 agosto 2008

UN DELINCUENTE LLAMADO BRADBURY

Seguramente más de uno ha leído el nombre de Ray Bradbury al estar paseando por los interminables pasillos de la biblioteca de Babel o al ir recorriendo el stand donde se albergan los tomos que se refieren a la literatura fantástica o de ciencia ficción en cualquier librería del mundo. Títulos como Crónicas Marcianas, El Hombre Ilustrado, Fahrenheit 451, La Feria de las Tinieblas, etc., son algunas de sus obras literarias más conocidas. Sin embargo, esta vez me tomaré la libertad de platicarles de un joven vendedor de periódicos, a quien la mala fortuna no le permitió asistir a la universidad convirtiéndolo en un precoz lector de escritores de la talla de Poe, Verne, Capote, Caín, etc. Les contaré el resultado de las mañanas de sábado y domingo en “Muscle Beach”, cuando el adolescente Ray se tiraba sobre una toalla azul que descansaba en la arena, y miraba al mar alejarse para volver con más fuerza (quizá de ahí su manera de narrar). Meses genéticos en los que nuestro amigo voceador influenciado por “Leight Bracket”, escribía cuentos policiacos respetando la estructura de la novela negra en algunos casos, en otros la del policial clásico o la novela de detectives del siglo XX. Para comenzar, colocaré la delincuente mirada sobre uno de sus cuentos más importantes en lo que a esta etapa se refiere: “El Pequeño Asesino”. Primero de quince cuentos que fueron publicados en los cuarentas en revistas como Dime Detective, Dime Mistery, Detective tales, Black Mask. Y, en los ochentas, en la antología titulada “Memorias de un Crimen”.
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Entrando en materia, les diré que al inicio del cuento el escritor utiliza un anacronismo, prolepsis en este caso, para entrar a media res a la historia (No podía decir realmente cuándo tuvo la idea de que iban a asesinarla. Pag 1). Ray utiliza una tercera voz omnisciente con la finalidad de hacernos sentir que lleva bien sujeto el hilo narrativo y, además, con el propósito de introducir una primera voz protagonista, buscando hacernos sentir mayor velocidad en algunos momento convenientes del relato. Como leerán en la primera hoja y parte de la segunda, el sumario que Bradbury decide colocar, hace de nuestro conocimiento la trama y la moraleja del cuento; podríamos decir que esto llevaría a más de uno a cerrar el libro y continuar leyendo las tiras cómicas del diario, pero, en mi caso, como un experimentado lector del genero policial, es el nudo que sujeta mi piel a la historia. Ray Bradbury tiene la habilidad de crear tres nacimientos: el del asesino, el de la madre y, si me lo permiten, me gustaría pensar que el espacio que deja, al final de la segunda hoja, para continuar el relato, es el nacimiento del cuento. Con esta afirmación, he entrado al proceso de deconstrucción del cuento, así que me permitiré desbordar el relato con la finalidad de encontrar el paratexto de la historia. Hablar de moral cuando se analiza un relato de Bradbury es más que obligado, a lo largo de su vida literaria el autor ha fincado este tema como uno de los elementos primordiales en sus relatos. En el pequeño asesino, el joven Ray pone en juego un peligroso tema: el amor maternal; convierte a Alice, la madre del bebé, (es interesante que el autor evité darle un nombre al asesino) en una mujer que sufre la angustia de saber que su hijo, antes y después de nacer, la quiere asesinar. Para la mayoría de los lectores, el simple hecho de que les sugieran tan horrenda propuesta en un relato ya es algo abominable, enfermizo, algo que sólo un escritor fuera de sus cabales puede proponerles; pero, para Bradbury, es el corazón del relato. Continuando con el análisis del cuento, sabemos que David, el esposo, es advertido casi al inicio del relato por el doctor del sentimiento que Alice guarda hacía su hijo; Jeffers, sin saberlo, se convierte en el portador de un no saber, un secreto que al no ser revelado causa la muerte de David y Alice y, quizá, de él mismo. (Decía cosas raras de veras… No las repetiré. Pág. 13). Como buen jugador, Ray nos va dando en todo momento las claves y los sucesos que van ocurriendo, jamás traiciona a los lectores escondiendo información que dará coherencia al final. Alice nunca deja de demostrarnos temor por su hijo David, preocupación, el bebé no deja de acechar a su victima y el doctor de justificar las enfermedades de su paciente con cuestiones psicológicas. El clímax de la historia llega con la muerte de Alice, es el punto donde ya no hay retorno y la cadena de acontecimientos gira a mayor velocidad. David finalmente le cree a su mujer, sabe que su hijo mato a su esposa y se siente culpable; en más de una ocasión ella se lo había advertido y él no le creyó (El bebé está ahí pensando cómo podría matarme. Pág. 23). Al igual que con Alice, el doctor vuelve a ser caso omiso de la advertencia de David, todo lo encierra en una cuestión psicológica que tendrá que superar y ese errado diagnostico es lo que nos lleva al desenlace de la historia. El doctor ha entrado al cuarto de David y el olor a gas le hace saber que el esposo de Alice ha fallecido; por un momento, él busca encontrar una explicación lógica a este suceso, pero, al ir en busca del bebé a su cuarto y descubrir la cuna vacía, la información almacenada, el no saber, lo golpea de tajo. Ahora, Jeffers sabe quién es el asesino, mas no el nombre, (curiosa propuesta la de Bradbury) y baja sigilosamente las escaleras en busca de la herramienta que utilizó para traer al bebé a la vida y, si la suerte está de su lado, ahora le provocará la muerte. A pesar de conocer el final, de saber que el pequeño asesino ha sido descubierto, en la cabeza de los lectores, por lo menos en la mía, siguen rondando algunas preguntas, que estoy seguro que si logramos contestar, seguramente nos dará una nueva línea de investigación para continuar el juego que Ray Bradbury nos propuso, un juego interminable que está lleno de sorpresas, conspiraciones, traiciones y asesinatos.


Harel farfán Mejía.

13 julio 2008

El Gigante Elemental del Barroquismo



En la poesía, el culteranismo, también llamado gongorismo es para Dámaso Alonso una especie de ejercicio para intelectuales mentes despiertas. Desde luego, gongorismo por Luis de Góngora y Argote es una corriente estética barroca en la que se explotan recursos que sólo los poetas pueden entender y descifrar pero que aun con eso causan mucha satisfacción. Góngora, siempre alegre, rebelde y desenfrenado tenía como única intención poética retar a las escuelas que existieron con y antes de él a través de un uso inteligentísimo de la lengua. Aquí veremos, en esta ocasión de Clásicos, tres poemas que ejemplifican el carácter barroco y laberíntico del lenguaje español.

A SU HIJO DEL MARQUÉS DE AYAMONTE, QUE EXCUSE LA MONTERÍA

Deja el monte, garzón bello, no fíes
Tus años dél, ni nuestras esperanzas;
Que murallas de red, bosques de lanzas
Menosprecian los fieros jabalíes.

En sangre a Adonis, si no fue en rubíes,
Tiñeron mal celosas asechanzas,
Y en urna breve funerales danzas
Coronaron sus huesos de alhelíes.


Deja el monte, garzón; poco el luciente
Venablo en Ida aprovechó al mozuelo
Que estrellas pisa ahora en vez de flores.
Cruel verdugo el espumoso diente,
Torpe ministro fue el ligero vuelo
(No sepas más) de celos y de amores.

AL SERENÍSIMO INFANTE CARDENAL


Purpúreo creced, rayo luciente
Del Sol de las Españas, que en dorado
Ya trono el Tíber os verá sagrado
Leyes dar algún día a su corriente.

De coronas entonces vos la frente,
Vuestro Padre de orbes coronado,
Deba el mundo un redil, deba un cayado
A vuestras llaves, a su espada ardiente.

Creced a fines tan esclarecidos,
Oh vos, a cuyo glorïoso manto
Sombra son eritreos esplendores,


Y en quien debidamente repetidos
De vuestros dos se ven progenitores
El nombre, lo católico, lo santo


A DON FRAY DIEGO DE MARDONES, OBISPO DE CÓRDOBA, DEDICÁNDOLE EL MAESTRO RISCO UN LIBRO DE MÚSICA

Un culto Risco en venas hoy suaves
Concetüosamente se desata,
Cuyo néctar, no ya líquida plata,
Hace canoras aun las piedras graves.

Tú, pues, que el pastoral cayado sabes
Con mano administrar al cielo grata,
De vestir, digno, manto de escarlata,
Y de heredar a Pedro en las dos llaves,


Éste, si numeroso dulce, escucha,
Torrente, que besar desea la playa
De tus ondas, oh mar, siempre serenas.

Si armonïoso leño silva mucha
Atraer pudo, vocal Risco atraya un
Mar, dones hoy todo a sus arenas.

Javier Manuel Urrieta

13 junio 2008

MALDICIÓN POR LA MUERTE DE EL POETA DE LA NEGRITUD AIMÉ CESAIRÉ



A medida que toda cosa moría
¡Yo me he, me he ensanchado-como el mundo-
y mi conciencia ya es más ancha que el mar!
Ültimo sol.
Estallo. Soy el fuego, soy el mar.
El mundo se deshace. Mas yo soy el mundo
El final, el final decíamos.
A.C.

¡Ha muerto Cesairé!
---El hombre, el negro, el comunista, el sabio, el guerrero del espíritu, el coloso del arte, el padre. Su nombre marca con fuego la frente de la historia del desastroso siglo XX. Sin este gran poeta no podríamos explicarnos a líderes como Luther King, Malcom X, Eldridge Cleaver, o Angela Davis; a músicos como el profeta Bob Marley, a San Hendrix, al mismísimo James Brown, a Mingus, o a Davis; o a escritores como Bretón, Kerouack, Sartre, Vian, Baldwin..., en fin, todos ellos, ya que él fue uno de los primeros en reivindicar divinamente la preciosa belleza de ser negro.
---Nacido en la pequeña isla de Martinica, en las Antillas, el año de 1913, Aimé Cesairé lucharía toda su vida contra el colonialismo, político, económico, e ideológico, develando con gran lucidez los turbios mecanismos de alienación que el colonizador siempre usa a su favor, a la vez que es igualmente bestializado por su conducta destructiva y codiciosa. Explicó ampliamente las características psicológicas de el racista-este al sentirse inferior en su fuero interno (precisamente a causa de su enorme enajenación) debe, tiene que discriminar al otro, al "diferente", tomando como pretexto algo tan banal como el color de la piel, la forma de la cara o el cabello, para así volverse "superior" a sus propios ojos ignorantes.
---Su pensamiento es de una luminosidad aterradora para cualquier imperio, en cualquier época:
---Ya que el colonizador se acostumbra a ver en el otro a la bestia, y a tratarla como tal, tiende objetivamente a transformarse en bestia él mismo.
---Se sabe que Aimé tomó plena conciencia existencial de su negritud en París —una ciudad que por aquel entonces palpitaba, bullendo jazz y estéticas africanas en los textos de autores como Cendrás o Apollinaire; y en la pintura de Picasso, y todos los cubistas— en el año de 1935, que es la fecha cuando destruye incendiando todo lo que hasta entonces había escrito; con esa misma flama haría estallar la mente de muchísimos jóvenes artistas del mundo entero, con la revolución cultural iniciada principalmente por él: la Negritud.
---El concepto de negritud para Aimé Cesairé no es otra cosa que un profundo humanismo, "una fraternidad con todos los hombres". El reconocimiento con el que sufre, con el ser de carne y hueso, explotado y humillado por un sistema injusto, esa enorme solidaridad con el que lucha junto a nosotros hombro con hombro; conceptos que se adelantarían casi tres décadas a la visión de El Che Guevara. Y aquí quiero apuntar que aunque no tengo el dato preciso, estoy seguro de que el Che conocía la obra de este poeta, siendo también influido por él.
---En sus discursos Ernesto Guevara gustaba de repetir una frase de José Martí:
---Todo hombre verdadero debe sentir en la mejilla el golpe dado a cualquier mejilla de hombre.
---Aimé Cesairé por su parte escribió.
---No hay en el mundo un pobre tipo linchado, un pobre hombre torturado en quien yo no sea asesinado y humillado.
---Seguramente —vía los vasos comunicantes de las Antillas— la hermandad del pensamiento martiano se universaliza.
---Además de todo esto, tenemos su enorme poesía.
---La poesía de Cesairé es volcánica, mineral, maternal, contingente y expansiva, donde cabe todo el universo, desde las raíces africanas, al vanguardismo surrealista y expresionista, un canto ancestral, un ritmo primigenio y en ebullición constante, una cosmogonía deslumbrante en imaginación y sensualidad; su poesía es magia tradicional, negrísima brujería que hipnotiza al lector-receptor hasta el brutal estiramiento de su psique:

-
por el cielo desquiciado
por las estrellas estalladas
por el silencio tutelar
de muy lejos, del ultrayó vengo hacia ti
mujer surgida de la albura
de ojos como heridas mal cerradas
sobre el pudor de haber nacido.
-
¡Ha muerto Cesairé! ¡La prueba viviente de que la poesía en verdad puede cambiar al mundo y al hombre! Y yo me lamento, de verdad lo amaba, y junto con él maldigo:
¡Dios mío!
duramente escupo a la cara de los que hambrean a otros, a la cara de los
ofensores
a la cara de los parásitos y de los destripadores.

Y por él, hoy muerto, prometo públicamente nunca dejar de luchar hasta mi último aliento contra los opresores de mi pueblo.
Ha muerto uno de los más grandes, el de la dignidad enardecida. Damas y caballeros, no pido silencio, todo lo contrario, demando, exijo alaridos.

Nazario Soto