02 mayo 2011

Inocente Colectivo





En el transcurso de la publicación de estos relatos, me topé con la agresión a uno de los estudiantes de la UACJ que se manifestaba en el Foro Internacional En Contra de la Militarización y la Violencia, en la cual yo participaba. Una agresión de un disparo cobarde, por la espalda, de uno de los elementos de la Policía Federal Preventiva al joven José Darío Álvarez Orrantia, a quien le dedico este trabajo con todo el cariño posible.



La primera frase, o por qué no, poema, la rayaste en ese puente donde tiempo atrás un hombre había sido colgado desnudo y sin cabeza. Esa frase la deletreaste ya abajo:



“Los amigos del barrio pueden desaparecer; la persona que amas puede desaparecer”.



La siguiente en un crucero donde vieron por última vez a Melisa, tu amiga que ahora sólo ves en pesquisas. Te dispusiste a pintar en una pared la imagen del rostro de Melisa en rojo. De pronto sentiste que alguien te veía y nada; de reojo viste unas letras que decían:



“Nunca Más”.



Seguiste pintando y te sentías contento porque ella salió sonriendo. Así te gustaba recordarla. Terminaste con una frase que te gustaba tanto que solías cantarla:



“Conozco esta ciudad, no es como en los diarios”.



Y te la llevaste tarareando a casa. Ahí te bebiste unos tragos y te embriagaste, pensaste en quien te había visto, abriste una ventana y viste a una chica pintar en un baldío de tu calle esta frase:



“Nada podrá ser como antes en Juárez. Nos han enfrentado, tenemos miedo de nosotros mismos”.



Y debajo de estas líneas lo que parecía ser su nombre. Se echó la lata de pintura en la mochila y se perdió de tu mirada. Tú te fijaste que nadie la haya visto.

Apuntaste la frase de ella en tu cuaderno y lo echaste a tu mochila. Te quietaste los convers y el pantalón dikies y te recostaste en el sofá. La pondrías en lo más alto, en un espectacular para cuando ella volteara a ver al cielo la pudiera ver.



Al siguiente día la viste en el periódico: “Capturan a grafittero”. Ella posaba en la fotografía con la cabeza hacia abajo. No se le distinguía el rostro por su cabello. Sabías que era ella, por sus pantalones bombachos y su playera de tirantes. Al parecer seguía con la misma ropa del último día que la viste. Cambiaste de plan, ya no iba a hacer la frase de ella sino un viejo texto de Julio Cortázar:



“A mí también me duele”.



Y lo hiciste como lo habías pensado en el espectacular más alto y mejor aún con reflectores.






Carlos Macías Esparza, (Ciudad Juárez, Chih. 1978).
Es adherente a la Otra Campaña.
Forma parte del Colectivo José Revueltas.
Ha participado en diferentes encuentros de Escritores de la República.
Está en la Antología Cinco Escritores Jóvenes
de la frontera, del Escritor Edgar Rincón Luna.
Ha aparecido en las Revistas: Pluma del Ganso, Alforja y Va de Nuez.
Tiene el libro inédito de poemas Sobre Ruinas.
Actualmente escribe sus primeros relatos: La muerte lugar común.

Esta lengua que no me pertenece



La tierra prometida no existe. El paraíso no existe. Nada somos en esta tierra que no sea enfermedad que palpita a cada instante y en cada hueso. En este espacio entre tierra y ojo, que no sea dolor de arterias y sílabas. Entre esta lengua que no me pertenece y la que me dieron como gracia divina. Todo es silencio y bullicio entre la sien y mis manos. Sé que es temprano para irse muriendo entre el corazón y el pulmón derecho. Pero ya no hay hígado que nos aguante ni dolor que levemente soportemos, sin dejar de respirar y de exhalar, sin que seamos pura carne y latido por este cuerpo lleno de vocales y cenizas.

***



Un río invisible nos divide



La música no se logra
con arte de magia.
La palabra nace
porque tiene un rayo interior
y necesario a nuestros ojos.
Es un rayo que estremece
hasta al más ciego del mundo.

No todo es silencio y bullicio
en las calles donde murmuramos.
Ni desenfreno y fiesta
entre tus manos y mis manos.

Hay un río invisible que nos une
y nos hace enemigos.
Somos domadores
de serpientes y de bestias.

Falta mucho para cruzar
el puente de la luz que nos lleve
a la tierra de las sílabas.

Por desgracia, no nacimos hace siglos
ni tenemos el sacrificio suficiente
para alcanzar la orilla
de este río invisible que nos divide.





***





Desnudos en la intemperie





La palabra debe ser la llave
que abra las conciencias.
Abrir las puertas que nos separan
desafiar el pensamiento
y estremecer nuestra mirada horizontal.

Debe arrancar nuestros ojos y regalarlos
a los viajeros de otros mundos.

La palabra debe enterrarse en nuestra memoria
y dejar que nos descifre desde adentro.

Incendiémonos el cerebro
y quedémonos desnudos en la intemperie.

***



Los envenenados



La serpiente de la palabra
es una enfermedad agónica
en nuestra lengua.
Es mi debilidad
mi dolor que no es un simple dolor
un túnel indescifrable.

Me entrego a este vuelo luminoso
que no es una simple trayectoria lineal
de ave o rayo,
es algo más desenfrenado.

La serpiente de la palabra
no es simplemente un reptil
que se divida en símbolos
significados y significantes
al oído de los mortales

que vivimos espiando sus huellas.

Tengamos precaución
de no morir envenenados
que todavía hay luz y no todo es noche.










Augusto Rodríguez (Guayaquil, Ecuador, 1979)
Licenciado en Comunicación social.
Ha publicado los poemarios: Mientras ella mata mosquitos
(2004), Animales salvajes (2005),
La bestia que me habita (2005),
Cantos contra un dinosaurio ebrio (Barcelona, España, 2007),
Matar a la bestia –recopilación- (Guadalajara, México, 2007)
y La gramática del deseo (La Paz, Bolivia, 2009).








******************

Nuevo


La vi bajar del punto más alto:
el tango es amargo
De uno de los dos lados no reconozco
ninguna línea que detenga este poema
al que sólo le falta tu nombre

Me detengo al tomarte de la mano
entre aquellos rostros imborrables
ningún sitio es el lugar de este amante,
el que sólo te escribe al sentirte cerca

A quién le importa que nos detengamos aquí
Si la monotonía
sigue varias cuadras adelante,
chocando ventanas hundidas en el vacio

Esta frontera es
de quien no trae un peso en su bolsillo
el que trae el color de su amada en sus labios

Todo es necesario:
en esta calle que nos aleja de una herida,
el que habla un inglés impronunciable en medio del sol,
aquella cantina azulgrana donde bailamos jazz,
donde entendimos que la espera debajo de un puente es un ritual
en los ojos de este amante.




****

Incompleto




Muero arrullado en la luna de cobre
que me vio nacer

Corto la arena y sólo
queda el silencio

Como después de la muerte queda el mar
dejo los viejos nombres
que revientan el aire en los días de tormenta

Sordo entre las estatuas
abro mi corazón incompleto,
veo
cómo
la vida
se aleja



****



Joven



Cuando la nieve entraba en los huesos




y más adentro,
abría heridas

y el pasado al presente
entraba en una tormenta sin aire
(a veces sin cuerpo),
sin sangre en la pluma de tanto no escribir

Ya entrado el invierno
(al comenzar la despedida),
apretando los dedos del crepúsculo,
nos tuvimos que levantar sin alma,
con la dignidad enterrada
en alguna calle

Ya muy entrada la noche
y la vida
entendimos
que la derrota
no existe en los hombres.


Rubén Macías Esparza (Cd. Juárez, 1982)
Poeta y escritor comprometido con las causas sociales.
Ha publicado en revistas como Pluma de Ganso y Alforja.

En la ruta del Rock and Roll,


Agustín Villa "El Cala" -








Meretrices (M): Para esta edición nos honra tener en Meretrices al Cala, una figura trascendente en la música no sólo de nuestro estado sino de todo el país. Toda una leyenda del rock en español que casualmente, por los asares del destino está radicando en nuestra ribera de Chapal. Cala ¿cómo estás?, ¿qué tal tu estadía por acá?



Cala (C): Hola, bien, muy bien, gracias. Pues llevo 19 años aquí, estoy muy contento, aquí crié a mis hijas. Tengo tres hijas hermosas. Y bueno, pues opté por quedarme. Estamos a punto de editar si no es la doceava es la treceava producción celebrando los 25 años con los Rostros Ocultos, grabada en febrero del año pasado en el Teatro Diana. Considero que es uno de los documentos más importantes que hemos realizado por lo que representa para el televidente. Yo creo que va a agarrar en esencia a los Rostros Ocultos en buen momento.



M: Sí, en realidad que se dice muy fácil 25 años, pero desempeñarlos en una labor tan poco común como es el rock and roll en México ha de ser una batalla muy grande.



C: Bueno, personalmente mi pasión mayor es dedicarme a la música. Obviamente he tenido muchas etapas y alrededor de lo que he hecho. Me siento orgulloso de tener el equipo de gente que somos los Rostros Ocultos, Arturo Ybarra, Bola Domene, Alfonso Martínez y yo. Ahorita estamos con un gran tecladista, en el sentido que maneja máquinas y le da un sonido más fresco, diferente a lo que veníamos. Rostros Cultos le pusimos de un libro que escribió Salvador Dalí, que se llama así, Rostros Ocultos. En aquel momento en que escogí ese nombre significaba los rostros ocultos de la música porque creo que primero hay que ser músico y ya luego lo demás.



M: Cala ¿alguna vez, cuando eras pequeño, imaginaste que ibas a terminar en donde estás? Es decir, ¿tu vocación de músico ha sido desde siempre?



C: Claro, sí. Yo considero que desde que estaba en segundo de secundaria ya sabía lo que quería ser. Me encerraba en mi casa y ponía discos de The Ramones, de los Rolling Stones, de Sex Pistols y trataba de interpretar, de mimetizar eso. Obviamente ya con el tiempo tengo mi personalidad específica, me considero una persona de escenario, si no el mejor cantante sí afinado y que tiene mucha pasión por lo que desempeña.



M: ¿Dónde creciste Cala?



C: Yo nací en México el 10 de enero del 62. Después mis padres se vinieron a Guadalajara y ya cuando me casé pues me vine para acá. Tuve oportunidad cuando hice el disco de Huevos y Cajeta de poder comprar un pedazo aquí, que consideré el mejor lugar para estar.



M: Esta es una pregunta que imagino te ha hecho infinidad de gente a lo largo de tu carrera como músico ¿cómo es que empieza este que en su tiempo fue un gran fenómeno llamado los Rostros Ocultos?



C: Bueno, los Rostros Ocultos es el producto de la historia del grupo Montana, que se llamó Montana por una fábrica de hacer cigarros. Yo tocaba en un grupo que se llamaba Los Clips con un hermano de Kenny Avilez, de Kenny y los Eléctricos. Hicimos el primer disco, fue un compilado que se llamó Com-Rock, en los 80’s. Yo soy producto de mi maestro que me enseñó a apreciar la música, se llama Ricardo Ochoa. Ricardo Ochoa estuvo en Náhuatl, estuvo en Peace and Love, estuvo en este fenómeno que fue el Woodstock mexicano, que fue Avándaro y creo que es un pilar dentro de la música; él y Luis de Llano que estuvo detrás de lo que fue Avándaro. Que yo creo que después fue un fenómeno negativo en el sentido de que ahí se representó lo mocho de los gobernantes en ese momento que decidieron que el rock era dañino porque era sexo y drogas y yo creo que era muy estúpido porque cercenas el arte a través de un estigma. Pero bueno, Ricardo nos enseñó a hacer música. Él fue el primero que me sentó y me dijo: “¿sabes qué Cala?, ya es hora de que hagas una canción”, yo tenía 17 años. Y de allí nació El Final, que fue la primera canción que compuse y creo que es la canción que representa tanto a Los Clips, que fue mi primera banda… bueno, mi primera banda se llamó los Rockin Pills, hacíamos rockabilly, hacíamos covers de los Stray Cats, música de los Ramones, y de repente hacíamos música en inglés. Pero fuimos la primera generación que realmente hizo música en español cuando decían que hacer rock en español significaba como hacer mariachi en inglés ¿no? Siendo que ahora la música se ha mimetizado tanto que ya no tiene fronteras.



M: Si ya hay mariachi japonés.



C: Sí, y también hay cumbia argentina y muchas otras cosas que representan un momento-espacio. A mí me gusta escuchar música por lo que me hace sentir en el momento. Es como cuando le pregunté a mi amigo Jean Pierre que qué le gustaba tomar, él dijo: “¿a qué horas?”. Entonces la música yo siento que es así, es un modo de sentirte y de cohabitar en algo. La música es el alimento del espíritu. Es algo que los mexicanos nunca hemos aprendido por la misma idiosincrasia; pagas por ir al médico, por unos tacos pero la música. la gente no está educada a pagarla. Yo creo que eso existe alrededor de todo el arte, que vas como en contra de. Yo creo que un artista no debe de tener moral, debe de tener un espectro más grande y una autocrítica y definirte por el sentido que dicta tu forma de ver y de sentir las cosas ¿no?



M: Ahora que hablas de El Final, que compusiste: en un amplio panorama, Cala, ¿más o menos qué porcentaje de las canciones que interpretan los Rostros Ocultos son de tu autoría?



C: Pues mira, yo te puedo decir, por ejemplo, que en las canciones que más han funcionado, que son como clásicos de los Rostros Ocultos yo he participado en ellas. En el último disco que hicimos que se llama 11:11, nada más compuse una canción que se llama Ven a mí. Tengo una forma más mellow de ver la situación y sobre todo me he alimentado mucho del desamor. Me identifico con un José Alfredo Jiménez, me identifico con una forma irrespetuosa de ver el amor.



M: Dices que has participado en la gran mayoría de las composiciones de los Rostros Ocultos. Ese tema en particular es algo que nos interesa mucho. El tema de la composición, el tema de cómo una persona de a pie, por llamarlo de alguna manera, logra alcanzar esa sensibilidad como para construir una serie de frases que una vez musicalizadas se vuelven del dominio casi popular, que llegan a ser muy conocidas y muy queridas. Como el caso precisamente de El Final, y de algunas otras canciones que en su tiempo fueron grandes hits de los Rostros Ocultos.



C: Yo creo que los Rostros, de alguna forma son parte del activo fijo de la generación de los 80’s que hizo música increíble y que se ha quedado representando a los latinos. Pero hay un Quisiera que estuvieras aquí, hay un Me siento mal, un Bailemos en la oscuridad, un Abre tu corazón, un Quiero más y muchas otras canciones. La mayoría de los discos que hemos hecho con los Rostros Ocultos han sido eclécticos, de alguna forma son pops pero es muy difícil como creador hacer una canción donde denomines primero qué género tienes o cómo la gente va a hablar de tu obra.



M: Dicen que mucho del arte tiene que ver con los críticos, que mucho del éxito o del fracaso de un artista depende de la publicidad que le hagan los medios.



C: Sinceramente no creo que tenga nada que ver. Además ¿qué jodido, no? Por ejemplo, fíjate, la mayoría de los ejecutivos de una compañía siempre son músicos frustrados. Entonces de repente, es como un papá que a través de su frustración crió a su hijo triunfador. De repente como hijo puedes cargar con los errores de tus papás pero no puedes vivir con eso, tienes que evolucionar.



M: ¿Cómo fue tu relación con tus padres?



C: Bien buena. Mis papás nunca me jodieron. Mi abuela era cantante española, se vino en tiempo de la revolución y de alguna forma eso me marcó a mí. La primer oportunidad que tuve me agarré de eso y lo hice, en el camina ya, obviamente, ha habido muchas cosas muy buenas.



M: Después de las primeras bandas que tuviste cuando estabas más joven, en ese inicio de la búsqueda, ¿cómo conociste a Arturo (Ybarra) y el resto de los integrantes de la banda?



C: Arturo tocaba en una banda con José Fors y con Andrés Franco, se llamaba Mask, hacían rock progresivo y nosotros éramos como vecinos todos de la colonia, fíjate, era Chapalita y Ciudad del Sol en Guadalajara; había bandas como Sombrero Verde, como Spiders, como Toncho Pilatos, como la Revolución que de alguna forma han mostrado lo que se ha hecho en el rock a nivel tapatío. Guadalajara siempre ha sido semillero de buenos músicos.



M: Sí, y de muchos artistas. Te pregunto, Cala, ¿qué necesita una canción para que cumpla con los requisitos de un hit?



C: Bueno, en el caso de El Final es una canción sencilla, yo siento que lo sencillo no tiene que estar peleado con la calidad. De alguna manera los artistas que no han estudiado tanto resultan mejores compositores porque no tienen tantos prejuicios, no tienen una fórmula que buscar sino que simplemente lo hacen. Y hasta la fecha se sigue repitiendo eso en el fenómeno rock and roll. Ahora la gente que consume rock pues obviamente son menores hasta de edad que ni siquiera los dejan entrar a los bares; los adultos que se meten en una fracción de tener familia, de tener que trabajar, que cumplir un fin en la sociedad pues obviamente ya cercenan un poco esa pasión por lo que es estar añadido de la música. La música es como, mal comparado, es como a los que son fanáticos de la religión, la música es alimento del espíritu, te alimenta. En momentos en que estás solo y dependiendo de lo que quieras hay tantas formas de buscar y sentirte vivo y una de ellas es la música ¿no?



M: Ahora, hubo un momento, que es a partir de los ochentas hasta ya avanzados los noventas donde los Rostros Ocultos fueron una gran banda que tuvo oportunidad de viajar por muchas partes, y que tuvo oportunidad de ser bastante escuchada en la radio y que, por decirlo de una forma, llegó muy lejos. A nivel personal ¿sientes meta cumplida en estos años?



C: Yo creo que nunca vas a llegar a ese punto. A mí me gusta trabajar con gente que tiene hambre, que tiene ojo de tigre y que tiene una necesidad de expresarse; no aquel que ya está estigmatizado o que busca nada más el dinero. Repetirte la fórmula está cabrón. De repente a mí me pasa que… hay grupos que ya tienen la fórmula y que han pasado aquí en México o en Guadalajara y que han sido muy exitosos. Repetir la fórmula es como ir a McDonalds y ver la hamburguesa en la foto y luego la compras y dices: “¡Puta, ya volví a caer! ¿no?”. Todos quieren ser un rock star pero cada quien tiene una razón diferente para serlo. Yo considero que la música debe de ir de lo particular a lo general. No puedes estar pensando en lo que la gente quiere. Yo podría componer… de hecho cuando tengo crisis hago música para mis amigos con dinero, les hago una canción o un corrido. Y puedo tener ese don de poderlo hacer. Pero cuando ya quieres proyectar algo de la nada eso está cabrón porque la musa nunca va a llegar, tienes que ponerte a trabajar ¿no? Es algo muy complejo pero a fin de cuentas es el camino que cada quien eligió.



M: Nosotros creemos, Cala, que los músicos como muchos otros artistas, pero en particular los músicos tienen que lidiar en su carrera con una serie de demonios personales. ¿Cuál es tu forma de lidiar con los tuyos?



C: Híjole, pues yo soy una persona que tiene la necesidad de estar conmigo mismo. Me gusta observar, tengo muchos lados, soy muy emocional y creo que durante mucho tiempo tuve el problema de que la gente que más quería, quería que hiciera lo que yo deseaba; entonces después aprendí que haciendo mi mejor esfuerzo por las cosas yo iba a estar tranquilo. Eso me ha llevado, egoístamente a estar un poco relegado en el aspecto familiar y me ha llevado a frenar ese desarrollo creativo por solucionar algo que sentía y que no sabía cómo evolucionaba. De alguna forma pues ya tengo 49 años y me siento conforme con lo que he hecho, creo que soy una buena persona, creo que la vida me ha llevado a darme cuenta de que he estado con gente increíble, que he trabajado con gente chingoncísima y de que en su momento no me daba cuenta de que pasaba ¿no? La primera vez que me llegó un cheque de El Final, por ejemplo, fue diez años después, que me acuerdo que eran como cien pesos. Por ejemplo, El Final es una de las 100 canciones clásicas en los últimos 20 años dentro del rock latino. Obviamente han pasado muchas cosas, ahora admiro a otra gente; ahorita, por ejemplo, me llama la atención lo que está haciendo Robi Draco Rosa. Hay muchas luchas. De repente cuando salió ese boom que tuvo Cuca y después salieron Nirvana y después Molotov con esa forma decir las cosas hiperrealista, con un lenguaje que todos siempre hemos utilizado; Fernando el de Maná sacaba canciones de… grababa puras mamadas… pero después te dabas cuenta de que también es un buen compositor. Dicen que un buen compositor no copia: roba, pero en realidad no es el caso. Pienso que de repente mucho tiempo crecimos con el celo de: “¿por qué tocas con el otro si tocas conmigo?” El día que conocí a Óscar López y me fui a Nueva York e hice el disco Huevos y Cajeta y toqué con Pino Paladino, con Benny Falcony como ingeniero y con muchos otros músicos de sesión te das cuenta que una buena melodía puede estar traspasando cualquier género musical. Entonces, a través del tiempo, hacer un género musical sería lo interesante como lo hizo Bob Marley, como lo hizo Pérez Prado, como lo hicieron muchos clásicos.



M: Tenemos la firme convicción en Meretrices de que el músico como llega a ser popular, como llega a alcanzar a una gran masa, tiene la facultad de masificarse, cosa que por ejemplo no tienen los pintores o los teatreros o los poetas. Llega un grado donde la misma carrera provoca que su material sea reproducido en la radio, que esté tocando aquí, que esté tocando allá; entonces puede alcanzar a llegarle a un gran grupo de gente. Un concierto por ejemplo de Rostros Ocultos, como el de celebración de 25 años en el teatro Diana había un lleno total. Son arriba de cinco mil personas. Entonces cinco músicos pueden llevar un mensaje a cinco mil personas. El músico tiene entonces el compromiso de transmitir.



C: Bueno, tú viéndolo desde afuera sientes ese compromiso. Pero cuando hicimos las canciones creo que realmente eran tiempos diferentes. Obviamente hay una diferencia que yo veía, por ejemplo Guadalajara tiene ahora una gran balacera de grupos que vienen muy buenos, grupos grandes. Y que la gente casi no va porque no puedes tener dinero para estar cada día en un show, ¿está cabrón eso, no? Entonces un segundo papel es a veces más difícil que un primer papel. Pero el mensaje va de lo particular a lo general. Un día le di raite a una chavita, me decía: “¿sabes qué?: odio tu canción de Quisiera que estuvieras aquí. Porque mi hermano la amaba y luego lo mataron, ahora cada vez que la escucho me da mensaje al revés”. Entonces, haz de cuenta, cada quien tiene una forma diferente de ver las cosas y eso es lo que importa ¿no? Ahora me voy más por el modo de que la música me diga más de que por la letra porque de alguna forma si yo tuviera la posición de ser líder social como político podría tener más fuerza en eso. Lo que sí puede tener al arte, como yo lo veo, puede decir una verdad intocable. De repente al tener una conversación contigo de repente te formas el porqué el río corre, entonces ya tengo ese poder, pero igual puede ser el poder de que también me maten o de decir cosas que no tengan que ver más que con transgredir. Mi mejor ejemplo es ser una persona que cuida mi entorno, que cuida lo que tengo alrededor, no puedo hacer por todos ese rollo. Me puedes decir en un momento dado a decir una cosa pero realmente mi vida diaria es otra.


M: Yo te afirmaba, Cala, y dentro de la afirmación hay una pregunta implícita, que el músico tiene un compromiso que se le puede transferir gracias a la posibilidad de ser masivo. Yo te pregunto, si la música, como decías, no es sexo y drogas, si la música no es sinónimo de drogas ¿qué es?



C: Bueno yo te decía hace rato que la música es alimento del espíritu, es una necesidad de expresarte a través de cosas… de repente a mí me encanta encontrarme a gente que los oyes hablar con tonos, les digo: “sabes qué tú tienes voz de cantante”. Y no se dan cuenta de eso. Hay gente que canta muy bien, hay poetas. Me encantó la composición de José Fors de la cara de pizza, me gusta la ambivalencia de las situaciones que expresaba Ceratti, por ejemplo, los Rostros Ocultos estuvieron en tres giras con ellos (con Soda Stereo), me ha tocado subirme a un escenario antes que Miguel Ríos, me sé historias de Bob Dylan, he estado produciendo con el guitarrista que le produjo el primer disco a Mick Jagger, pero falta ese sentido de poder expresar canciones donde la gente se identifique de una manera sencilla y que propongan algo lindo. Por ejemplo, se me hace un gran personaje Ugo Rodríguez de Azul Violeta, que aparte de buen cantante representa haber vivido a través de sus épocas. Pero siempre lo maravilloso y jodido del arte es que se identifica totalmente con la esencia del ser humano que particularmente creo que estamos mal hechos porque somos seres que cuando tenemos una cosa queremos la otra, somos depredadores, auto-depredadores, estamos al tope de la creación, pero bueno…



M: Esa frase latina de que el hombre es el lobo del hombre (Homo homini lupus). Algo que muchos se preguntaran, Cala, es ¿cómo lidiar con el éxito? ¿Cómo lidiar con ese monstruo que doblega la personalidad? Hay mucha gente que pierde el sentido de lo terrestre. ¿Cómo lidiar con la fama, el éxito, las luces siempre sobre de ti?



C: Decía Arturo (Ybarra), hay cosas que uno retoma, decía que la fama es una amante efímera porque son momentos. Es como ser rico, comparado con quién ¿no? Esa conciencia que tiene el ser humano de repente te lleva a hacer más o a estarte estático. Es como que el más rico no necesita tanto, a mí se me hace hasta grosero. Yo considero que hay un precio por lo que cada quien decide a través de su vida y que espacio-tiempo son limitados, que podemos contar ahorita de hasta dónde podemos llegar. Y en ese espacio el poder habitar humildemente que yo considero que es una virtud; yo siempre digo que nos vemos en la cola de las tortillas. Es como no creerme eso porque de repente es muy petulante y muy como que fuera de contexto de lo que uno busca. Yo de mi primer esposa admiro la decisión de saber que queríamos educar a nuestras hijas a través de la cultura no a través de que llegaran a tener un título porque obviamente puedes llegar a ser doctor a los 25 años, o músico o muchas cosas. Pero mientras menos prejuicios tengas mejor. El otro día estaba Larry King en su último programa, y le preguntaban… porque él había entrevistado a muchísima gente: presidentes, etc., nomás le faltó Bin Laden, y él decía que cómo es posible que a través de un prejuicio o de que dios dijo ir a matar a una bola cabrones, millones de gentes, o darles en la madre a quienes no tomaban la decisión de saber si eran homosexuales, ¿qué cosa? ¿no? Sólo porque tenían el poder. El poder en las manos de un pendejo pues es terrible. La ignorancia es el enemigo a vencer. Y no significa que si acaparas o apoquinas miles de millones de dólares y de riquezas cuando te mueras no vas a representar ser una mejor persona. Legar algo, dejar algo bueno, Somos seres que necesitamos muchas cosas y más porque tenemos la conciencia. Entonces de repente a lo que la gente llama darle en la madre a la naturaleza no es sino ir a tener más. Pero hay un punto al que estamos llegando todos los humanos en este globo terráqueo que es como ponerle clutch y decir: “¿qué estamos haciendo?”. Entonces tener la oportunidad de ser pobre, de ser rico, me voy del blanco al negro y todo lo que está en medio, es que puedas tener la oportunidad de coexistir con personas distintas que algo que la música te da, yo he estado con un bolero, un gobernador, un político o un artista bueno, te da el margen de tratar de decir una respuesta menos estúpida acerca de lo que nos pasa. Hay recursos finitos y hay recursos infinitos. Muchas veces la moral, que no es tangible, dicta la forma de coexistir. Por ejemplo, Estados Unidos tiene tantas reglas y dicen que no tiene cultura pero es un crisol de tantas culturas que tienes que legislar cosas ¿no? En la forma en que le das amor a la gente es la forma en que la gente reacciona. Si tú me pegas pues lo más coherente es que yo te demuestre mi amor haciendo las mismas cosas.



M: Sí, se dice que el conjunto de todas las enseñanzas son cíclicas.



C: Sí, todo es cíclico y espero que sea así hasta que se parta.



M: En la concepción de alguien que tuvo la fortuna de estar en el inicio del buen rock mexicano ¿cómo ves a la música hoy, en el 2011? ¿El rock para dónde va?



C: Mira, yo creo que el rock es incluyente; es una rama de la música. Yo aprendí de los músicos ingleses y de repente es muy curioso, haces un análisis y te das cuenta que no hay dj’s gringos, o casi no. Si tú eres un virtuoso y te ponen una máquina vas a decir: “¡qué chingados!”. Yo que estoy en medio, que soy cantante sigo aferrado a que una buena melodía y una buena letra hacen eso. Pero debes tener el momento-espacio en el que debes decir algo. Aquel que no tiene el concepto de que “a mí me enseñaron esto, y que esto tiene que ser así” creo que tiene más oportunidad de cambiar. Vivimos en un mundo muy cambiante donde todo está dado a través de los medios de comunicación. Hay gente intelectual que a través de cubrir una necesidad sin juzgar y de decir verdades que tengan que ver con el conocimiento de historia, de pintura, de letras, de temas científicos. La historia es para eso ¿no? Para ver el pasado y saber cómo estás aquí y darte cuenta de cómo puedes coaccionar el futuro de una manera más utópica. Estamos en un presente y no podemos hacer como que tan-tan-tan y ahí te ves. Tienes que tener un poco de todo y para estar equilibrado pues obviamente debes de tener amor, confianza, conocimientos, trabajo, y no abusar. Creo que es más sencillo ser una persona normal que tratar de repetir patrones negativos.



M: La música actual ¿la ves bien?



C: La música siempre va a evolucionar, en el aspecto de que cada quien tiene una forma particular. En los ingleses, que son para mí una escuela, hubo en los 80’s una línea qué seguir, que era el sonido. Yo te puedo explicar en un estudio qué es lo que me gusta, me gusta la tarola al mismo nivel que la voz, me gusta que se sienta fuerte pero hay muchas formas. Pero pregúntame de qué, si es de música tradicional mexicana pues ya no hay muchos iconos, de quien me encantaría aprender, por ejemplo sería Vicente Fernández, o ser segunda generación como Alejandro; si tú me dices sobre alguien de canto bien educado pues sería él. Pero es difícil que un rockero haga una cumbia. Dicen que los más particular tiene un valor más universal y es cierto. Me decía Pito, el que era mánager de Alaska hace muchísimos años, él tenía un club con ellos en no sé qué lugar en España, decía que, por ejemplo, escuchar a Los Tigres del Norte era como escuchar un western fantasioso. A mí en el cine me gusta mucho el hiperrealismo, me gusta Quentin Tarantino, un Pulp Fiction, un Transpotting, cosas que dicen que la realidad está más cabrona que la ficción.



M: Por ejemplo, ¿tú escuchas bandas nuevas?



C: Sí, cada semana compro diez discos, Casi todo me gusta. Tengo un amigo que me decía que no le gusta el mariachi pero porque un día encontró a sus papás peleándose y había un mariachi en medio. Yo me acuerdo de las bandas de antes, la banda vienen de Mazatlán y la banda original era estridente pero con mucho poder. Yo toco en muchas ferias entonces tocan a veces cinco bandas al mismo tiempo y yo no puedo tener una apreciación de esa chingadera. Ya los que componen música de banda… de repente estaba escuchando aquí un cabrón que estaba cantando para los sicarios y puras mamadas. Me dieron ganas de pararme porque si tú no tienes respeto de la vida humana… los humanos somos como una flor, o como un globo: te ponchan y te mueres. Entonces si no tienes el valor de degustar todo lo que representa esa humanidad maravillosa que tenemos todos los que coexistimos en este planeta pues a mí se me hace totalmente grotesco y trato de omitirlo. Lo que menos escucho es la banda aunque de hecho tengo una canción que grabé con banda en Los Ángeles. Pero, desde el nivel musical, si analizas por qué y qué implica tener quince músicos tocando y por qué se necesitan ocho clarinetes peleando contra una trompeta o dos y un trombón y una tuba y percusiones, es música con mucho ritmo y con un sentido bien chingón. O un tango o escuchar un violín romántico o escuchar la guitarra eléctrica o de repente escuchar a Bob Dylan con un folk o un Charly García. Espacio-tiempo cada música tiene un efecto bien particular ¿no? En los 80’s muchos hicimos canciones donde decías frases-sílabas que no llegaban a nada. Luego llego el tiempo del hiperrealismo con Molotov por ejemplo que te decían: “Chinga tu madre, puto, puto, puto”, y fue muy bienvenido y está muy bien. Pero yo creo que si Mozart hubiera vivido en los 80’s o ahorita en el 2011 hubiera sido rockero. He dicho (risas).


M: Estamos ya casi por terminar Cala, nos gustaría saber; tú tienes necesidades artísticas mucho más allá de la banda a la cual le debes agradecer el nivel de reconocimiento. ¿Qué tipo de necesidades artísticas personales debes atender?


C: Yo considero que como artista he pagado el precio para estar aquí. No creo en el artista que cree que va a llegar la musa o que tiene que estar pedo o pacheco para poder crear. No creo en eso. Creo que hay que trabajar y que hay que tener una disciplina y un conocimiento en causa de cosas. De una manera empírica no puedes vivir siempre. Se me hace magnífico el que las máquinas no logren esa inexactitud que tenemos los humanos. No creo en el artista con hambre, creo que los músicos están desprotegidos. Me encantaría también haber sido pintor y creo que faltan tres vidas para poder realizarme porque la vida está de poca madre.



M: ¿Alguna última impresión, Cala, que te gustaría compartir con los lectores de Meretrices?



C: Bueno, sí, tengo 19 años aquí en el área de la laguna; me estoy dando la oportunidad este año de lograr tres veces más de lo que he hecho en los últimos años y lo voy a hacer. Soy una persona que tengo la visión y lo hago. Es una tierra que merece todo mi respeto, yo quiero morir por aquí y considero que hay gente muy valiosa y que necesitamos más disciplina y más data para poder llegar a competir con gente que ha marcado algo en la historia; de todas maneras es algo que vamos a marcar pero sería mejor buscar la excelencia.



M: Pues muchas gracias Cala, ha sido un placer conversar esta noche contigo.



C: No, gracias a ti. Es nada más un poco de mis opiniones y que como cualquier persona a veces podemos cambiar de opinión.
















09 noviembre 2010

Editorial

Le preguntaron una vez a Artaud que qué pensaba de los alienados. Él respondió: Son hombres que prefieren volverse locos –en el sentido social de la palabra– antes que traicionar una idea superior del honor humano. Por esa razón la sociedad amordaza en los asilos a todos aquellos de los que quiere protegerse, por haber rehusado convertirse en cómplices de ciertas inmensas porquerías. Pues un alienado es en realidad un hombre al que la sociedad se niega a escuchar y al que quiere impedir que exprese ciertas determinadas verdades insoportables.

Hay muchas y muy diversas maneras de enfrentar esos signos con los que algunos nacen y que evidentemente los hacen parecer distintos a lo que damos por conocer como la normalidad; casi como si no encajaran, como si estuvieran hechos de un material extraño. Esa condición tan indescifrable, esa naturaleza tan ajena, esas como conductas que no caben en los pequeños huecos que el rompecabezas de la sociedad deja para que vayamos llenando, terminan tarde o temprano, por representar una especie de viacrucis que se deberá andar de por vida y que se tiene que, ineluctablemente, encarar con todas las armas posibles. Algunos enfrentan este grado de ansiedad mirando el futbol por la televisión, gritándole a los jugadores, al árbitro, aplaudiendo faltas y aciertos. Otros consumen sustancias para distraer un poco la atención de esta dificultad al adaptarse, otros más trabajan mucho, ganan mucho y gastan todo y todo eso que compran les sirve para calmar un poco la solitaria insolación del vacío; algunos más mienten y se esconde, prevarican, hacen de su vida un juego sucio traicionando la confianza de la gente. Pero también hay quienes, ante la imposibilidad de eso que ya saben es imposible, se dedican a la creación del arte, ergo, este tipo de arte es una muestra de ese mundo a muchos inaccesible y que también conforma el complejo de la realidad en la que vivimos, y que por lo tanto, se convierte en un ejercicio poco más que indispensable.

Nada de lo que esté realmente torcido se puede ya enderezar. Desde esta premisa, el arte (por supuesto, no todo) que denuncia, que revela lo más oscuro del ser humano, que pretende lograr dentro del alma grandes hazañas, que a la luz del día parece torcido porque se preocupa un poco más allá de sólo complacer lo que el hombre espera le sea complacido; el arte alienado, pues. Ese arte jamás desaparecerá porque es lenguaje para la completa comunicación de esta especie de personas que, como decía, sienten no encajar por entero en el sistema establecido y que aún con esto son parte fundamental del buen funcionamiento de esto que es nuestra basta diversidad, pecera del ser humano. Sería como pretender quitarles el lenguaje gesticular a los sordomudos y dejarlos solos y desamparados en un mundo de sonidos.

He aquí el número de verano de Meretrices. Bienvenido, amigo.

EL DÍA QUE BRUCE LEE, CLINT EASTWOOD Y JOHNNY WEISSMÜLLER SE BATIERON A DUELO EN BAGUA GRANDE
Nicolás Hidrogo Navarro



(Le dedico este cariñoso y nostálgico recuerdo
a mi padre, hoy gravemente enfermo.
Hoy no pude más con todas las melancolías
y tuve que expulsarlo
después de 32 años metido en mi cerebro).


Era un sábado de junio de 1978 en la tórrida ciudad de Bagua Grande. Tres cines coincidieron ese día en dar un menú fílmico imperdible y altamente competitivo.

Los cines de los sábados eran llenos totales en las zonas de ceja de selva del Perú. La televisión no llegaba aún (recién en 1981 todos se arremolinaban ante una caja que podía ofrecer imágenes en el día o la noche, allí empezó una agonía económica para esta industria y se perdió la magia del esperar pacientemente a las 7.30 p.m. para entre todos, socializadamente, ver una película después de una agotadora jornada laboral). Los entretenimientos de las revistas de los comics de la época (Tarzán de Edgar Rice Burroughs, las novelitas de cowboys de Marcial Antonio Lafuente Estefanía, y toda la retahíla de títulos de héroes de la época como Tamakún, Flash Gordon, Supermán, Batman, Kalimán, Águila Solitaria, Santos el enmascarado de Plata, Blue Demon, Juan sin Miedo, Valiente, actuaron como propagandistas naturales para pasar de la imagen fija a la magia del cine).

El Cine Dora, regentado por un tal Calincho Chinguel, era un cine en realidad rodante con una máquina negra movible, viajera, que hacía un circuito de proyección desmontable por Pedro Ruiz, Naranjitos, Chachapoyas, Rodríguez de Mendoza, Bagua Chica, Jumbilla, etc. Pero Bagua Grande era su fuerte con algo de 15,000 almas en la época. Caracterizado por pasar las películas más antiguas en un ecran de lona blanquecina desmontable y amarrada a dos postes, de 7 x 4 mt. Cobraba 20% menos que los demás cines y era por así decirlo más popular y más muchachero. Utilizaban unas sillas desplegables tipo circo. Se ubicaba en el coliseo deportivo de Bagua Grande, propiedad del Club Deportivo Utcubamba, colindante en el Puesto de la Guardia Civil, en plena avenida Chachapoyas. Su capacidad era para unas 300 ó 400 personas porque cuando se llenaba sólo el 20% de los espectadores estaba sentado, el resto de la muchachada estaba dispersos en las tribunas del coliseo, en el suelo o arrecostado en las paredes.

El Cine Tropical se ubicaba a unos metros laterales del Dora y movía el tremendo aparato anegruzcado un tal Ramón, un sujeto de poco hablar, engestado todo el tiempo, vestía pantalón palazo, unas camisas encopetadas y guayaberas, de colores parduscos, una gorrita de jóquey. Desde las 6.30 p.m. estaba un parlante con música de Leo Dan con “Esa pared”, los Pasteles Verdes con “Hipocresía”, Los Ángeles Negros con “El reloj”, Rabito con “Estrechándote”, Javier Solís con “Esclavo y amo”, Los Belkings con “Tema para jóvenes enamorados”, Los Doltons con “El último beso”, Los Pakines con su “Amor y fantasía”, Roberto Carlos con su “Amada amante”, Los Bee Gees con “Saturday Night Fever”, Tina Charles con “"Love Me Like A Lover", etc. Una caja metálica de 50 x 50 cm. escupía estas melodías hacia toda la calle polvorienta y la soporosa noche. Cuadrada, de color topacio con múltiples abolladuras por pedradas por los cinéfilos cuando este chilloneaba o se cortaba la función inesperadamente: el parlante pagaba el pato. Cuando iba a empezar la función lo trasladaban de la entrada hasta el fondo donde todo el mundo miccionaba entre los ladrillos y salpicaba al parlante porque no había baño. Era un cine fijo y su ecrean era una pared blanquecina enlucida con yeso de Mórrope de 7 x 3.5 mt. Utilizaba unas hileras de bancas séptuples y tenía una capacidad para unas 100 personas. Pasaba las películas ultimitas y su especialidad eran las de Kung-fu, western, terror y porno. Allí zapateaban las caravanas artísticas de El Indio Mayta, La Pastorita huaracina, El Jilguero del Huascarán, Los Reales de Cajamarca, El Comunero de los Andes, Los Tucos de Cajamarca y alguna vez una chiclayana blanquiñosa de El Tamarindo hizo un reñido y morboso strip tease con luces rojas que escandalizó a todos. Aún no puedo sacar de mi mente la imponente y descomunal figura de una vedete nacional en camino al Cine Tropical, pasando a un metro de distancia de mis desorbitados ojos a lo La Zorra y el Cuervo y la propia baba del Eugenio de Condorito: Amparo Brambilla. Vestida ella con una malla negra licrada, unas botas altas de rocanrolera, maquillada con colores de pavorreal, fumando su cigarro Winston y mostrando todo su derrier de infarto. Todo el mundo quedó estupefacto con esa descomunal mujer, única por esos lugares, parecía una extraterrestre a su llegada con lentejuelas y cubretodo negro.

El Cine Grau estaba en plena avenida Chachapoyas pero distante casi a medio kilómetro de ambos cines del pleno centro. Era el más grande y se especializaba en películas hindús, de misterio, policiales. Era el único de dos pisos y disparaba sus imágenes con un tremendo maquinón desde unos 30 metros contra un ecran de 15 x 5 mt. Tenía una capacidad para unas 200 personas con cuatro hileras de bancas séxtuples. Era el más costoso, pero protegía totalmente de la lluvia a todos los espectadores, en una zona tan impredecible y pluviosa como Bagua Grande. Cuando no había películas allí hacían tronar sus guitarras eléctricas, sus timbales y sus órganos “Los Mirlos de Moyobamba”, “Los Cuervos de Rioja”, “Los Pakines”, “Los Pasteles Verdes”, etc. El maquinón de media tonelada de peso de ese cine era manipulado por un diminuto jorobado con camisa amarillenta y pantalón rata, nariz aflechada y de sonrisa gargantualesca. Jamás supe su nombre ni nadie lo sabía. Yo un curioso empedernido y memorioso no puede saberlo, hasta hoy.

La noche estaba muy bullanguera con harta cachema frita de los Santamaría que trasminaba por toda la avenida, cebada helada, helados de hielo, canchita, maní confitado y anticuchos de corazón, después de un día de 41Cº. Por la mañana aún seguía lloviendo, pero todos estábamos acostumbrados a que el sol seque el fango en un par de horas. Muy temprano apareció la cartelera de las películas, en los tres postes, uno tras otro, entre la Av. Chachapoyas y la calle José Santos Chocano. Todos nos arremolinábamos y la verdad que esas tres películas en un mismo día era un imposible verlas o dejar de verlas. A las cuatro de la tarde empezaron a salir los pregoneros en carros: Los del Dora dejaban oír el clásico grito de Tarzán (aaaaaaaauuuuuuuuuaaaaaaaaaaa); los del Tropical, ponían toda a volumen esa legendaria banda sonora inmortal de Bruce Lee que con tan solo escucharlo a uno se le enerva toda la sangre como para entrar en batalla, donde evoluciona in crescendo una tonadilla de guerra con un final de ladridos de perros; y, los del Grau soltaban esa musiquita del oeste fabricada por Ennio Morricone, con relinchos y trotes de caballos chúcaros y una intención vengadora del Joven. Increíblemente era la primera vez que tres cines anunciaban matiné, vermut y noche simultáneamente. Ese día pedí a mi padre la propina de todo un mes por adelantado e hice méritos en su peluquería, suficiente para estar libre desde las siete hasta las once de la noche de aquel sábado indeleble. Aún tenía 10 años y el cine era el mejor espectáculo que hasta entonces conocía por esos lares.

“El regreso del dragón” (1972) con Bruce Lee, “Por un puñado de dólares” (1964) con Clint Eastwood y “Tarzán y la mujer leopardo” (1946) con Johnny Weissmüller Kersch, fueron las carteleras que jamás nunca estuvieron en una misma noche compitiendo por ganar ávidos cinéfilos en la selva nororiental del Perú. Los tres cines ganaron y abarrotaron sus salas como nunca en seis funciones de sábado y domingo. Los cinéfilos baguagrandinos estuvieron a empujones en la cola de los boletos y turnarse para estar corriendo para ir a matiné al Grau, vermut al Dora y noche en el Tropical. Desde lugares tan distantes como Cajaruro, Naranjitos, Morerilla, Miraflores, Jamalca, El Salao, Ñuñajalca, Gonchillo, San Luis, hicieron del sábado y domingo la mejor fiesta del sétimo arte, cuando aún se debía esperar obligado la noche para ver una película.

EPÌLOGO:
Ninguno de los tres cines de la época de mi evocación personal funciona ya en Bagua Grande ni el cine Oscar que salió a fines de los 80 muy lujoso y prometedor. Con la llegada de la televisión y el beta en los 80, el VHS en los 90 y el DVD en los 2000 se acabó la función para estos colosos de las concentraciones masivas. Uno puede seguir re-viendo estas películas en calidad DVD o Blue Ray y hasta si se quiere las mismas películas, pero la magia del cine es que no es lo mismo ver una película en solitario –aun con tu canchita y tu chocolatito al lado para simular la ocasión-, por mejor que sea el equipo con imagen de plasma y un soundround, otra es verlo en un cine de manera socializada, es otro el sentimiento, la actitud y la emoción como espectador. Ir al cine era una manera de socializarte y encontrarte con otros cinéfilos, mirar nuevos derrier, siriar o pretexto de encuentro para encontrarte con la Margaracha, compartir las bromas de pegarles chicles en el pelo a los que se quedaban dormidos, asociar a un protagonista de escena con algún doble de algún cinéfilo en la sala, pegar grandes gritos y silbidos de reclamos cuando se cortaba el rollo, esperar el intermedio para comprar los chicles, caramelos, y mirar las caras de los que llegaron después del inicio de la peli. El cine es todo un arte del que se nutre e intercambian la literatura: Le ayuda mucho a un narrador ser un cinéfilo, pues allí están las técnicas que funcionan tanto para el cine como para la novela: flashback, contrapunto, soliloquios, close up, desorden cronológico, el monólogo interior, salto cualitativos, las cajas chinas, dato escondido, las mudas, etc. No olvidemos que muchas obras literarias han pasado al cine, trasvasadas y adaptadas en guiones cinematográficos. Cine y literatura son como la media y el zapato.
Lambayeque, marzo 06 de 2010





Nicolás Hidrogo Navarro
Lambayeque, Peru
Es narrador, docente e
importante promotor cultural.

Los Alimentos Transgénicos Amenaza A La Salud Pública.
Dr. J. Manuel Córdova

La tecnología en alimentos desarrollada desde finales de los años 80´s nos llevó hacia la modificación del material genético de los mismos GMO (por sus siglas en inglés: Organismos Genéticamente Modificados) representado en la propia semilla de granos vegetales y hortalizas. Con ello el intento de hacer rendir más el campo y obtener mayores recursos de alimentación llevó consigo también en la esencia de su propia manipulación cambios biogenéticos tales que tendrían sus repercusiones en la salud de los consumidores. Dicho de otra manera: el alterar y manipular artificialmente en laboratorio la esencia genética de la semilla tendrá que producir necesariamente cambios a los organismos que traten de incorporar ese material en sus células. Y es que ese material resultará totalmente nuevo para el organismo en que se intente introducir. Baste y sobre con dar el ejemplo de que en el ser humano esta clase de cambios jamás se han dado dentro del propio organismo. Así, alimentos como arroz, soja, trigo, avena, cebada y otros jamás habían estado así dentro del consumo humano. Hoy sabemos y en la comunidad científica se ha repetido hasta el cansancio alertándose sobre los daños a la salud que esto implicaría; no obstante los gobiernos callan, ocultan y disimulan la información obedeciendo a intereses políticos y socioeconómicos más poderosos. Es así como en países donde esto se originó, como en los Estados Unidos, a pesar de las protestas de gente conocedora de esto, organismos como la FDA (oficina de control de drogas y alimentos) permanece sin oponerse o lo que es más en actitud meramente pasiva. Mientras tanto continuaremos observando la aparición de nuevas enfermedades, formas raras de enfermedades ya conocidas, incremento de cánceres y enfermedades malignas como ya se ha venido demostrando en laboratorio por parte de científicos en diversas partes del mundo. Mientras tanto... Mientras tanto seguirá entrando al mercado de países como México productos alimenticios manipulados genéticamente que han sido rechazados en otros mercados internacionales (Europa) y que bajo el beneplácito de las autoridades se expenderán libremente y sin ningún control a la población abierta. Tal es el caso de la reciente introducción de arroz a México procedente de los Estados Unidos y que fue rechazado por el mercado Europeo, y el cual se vende en establecimientos comerciales reconocidos a menor precio y sin control alguno.


Dr. J. Manuel Córdova
Médico Especialista en Adultos y Adultos Mayores
(Medicina Interna y Geriatría)
mdjmcordova321@hotmail.com
Bibliografía:
boletín 0664 green peace
23 agosto2006.
“el arroz transgenico ilegal”
www.greenpeace.org/mexico/news/el-arroz-transgenico-ilegal-am

Tradiciones, costumbres y derechos humanos
J. L. Rodríguez Ávalos


La ciudad y el campo son dos territorios diferentes en la geografía mexicana, incluso antagónicos.

Tal antagonismo nace en las ciudades contra el campo, sin viceversa.

Las ciudades medias y grandes de México se han saturado de tránsfugas del campo, gente que emigra en busca de salarios, de educación, de mejores condiciones de vida, porque el campo dejó de rendir desde la época en la que la Reforma Agraria iba a hacer un paraíso del campo mexicano.

Quienes no huyen a los Estados Unidos, dejan la parcela para irse de albañiles, de peones, de jardineros, obreros, burócratas y cosas peores en las ciudades, donde habrán de rumiar su coraje contra la gente que se quedó en el campo sembrando esperanzas.

La gente de la ciudad acusa a la gente del campo de ser ignorante, sin darse cuenta de que ellos mismos son ignorantes que invadieron las ciudades. En el mejor de los casos, un país de ignorantes donde uno es presidente de la República, otro senador, uno más diputado, aquél ministro de la Corte, el de allá secretario de Estado, éste gobernador, etcétera.

En ese pleito de las ciudades contra el campo quien pierde es el país, o sea, todas las personas que habitamos el territorio nacional.

Para educar hay que estudiar primero en la ciudad, contaminarse de cultura urbana para luego ir al campo, como los antiguos cruzados, a erradicar la ignorancia, como el Quijote a desfacer entuertos, como los polvosos evangelizadores a imponer la nueva fe.

Maestras y maestros que “les toca” irse a trabajar a los ranchos, a las comunidades apartadas, se van a encontrar con tristes y difíciles circunstancias. Uno de los primeros problemas es el machismo. En esos lugares quien dice la última palabra es el hombre, ya sea encargado del orden, jefe comunal, cacique o padre de familia.

Estos personajes, “educados” a la antigüita y bajo una rigurosa fe católica, deciden el comportamiento de quienes integran la comunidad: las mujeres al lavadero, a hacer la comida, metidas en su casa y listas para atender al hombre o a los hombres de la casa; los niños, hombrecitos, machitos, a entrarle al trabajo del campo para ayudar al papá; las niñas a ayudar a la mamá y a servir a los hombres de la casa.

En muchas ocasiones no se permite a los niños estudiar, porque es más importante que aprendan las labores del campo; tampoco a las niñas, porque su destino será casarse y servir a su marido, entonces ¿para qué estudian?

Las niñas y los niños –como ha ocurrido siempre- aprenden que así deben ser las cosas y se reproduce esa forma de pensar generación tras generación. Ese mismo estado de cosas ha sido trasladado a las ciudades, en ellas el machismo es igualmente imperante y una forma de conducta cotidiana.

El machismo es una de las formas más evidentes de la ignorancia; la mayoría de hombres machos, que imponen su voluntad y deciden cómo deben ser las cosas en su casa y en la sociedad, por lo general son alcohólicos. Son también hombres infieles, engañan a su esposa con la mayor naturalidad, “porque son machos y así debe ser”. Pero no van a permitir que su mujer los engañe, faltaba más, ella es vieja y debe estar en su casa esperando a su marido para lo que a él se le ofrezca.

Las cosas han cambiado un poco, pero no mucho. Esa imagen se reproduce constantemente en todo México y es casi un símbolo de nuestra forma de ser en el extranjero.

Maestras y maestros sufren lo indecible tratando de cambiar este estado de cosas, aunque también en el magisterio hay machismo y de una manera descarada. ¿A quién se le puede ocurrir que haya una secretaria de educación, una inspectora escolar, una secretaria del sindicato?

El machismo sigue siendo una forma de ser que no podrá cambiarse en esta generación, o sea, en los próximos 25 años.

Los padres de familia que impiden que sus niñas y niños estudien no saben, por su misma ignorancia, que están contraviniendo disposiciones constitucionales que protegen la educación infantil, no saben que atentan contra la dignidad de sus propias hijas e hijos, ni cuenta se dan que están impidiendo el desarrollo del país y que están cometiendo un crimen, que se vuelven criminales. No lo saben. O les vale.

Un problema más grave es que maestras y maestros culpan de todo este mal a las tradiciones, lo cual evidencia su propia ignorancia como docentes.

La tradición diferencia a las comunidades de la ciudad y les permite sobrevivir. Traditio es una palabra latina que significa entrega. Se refiere al conjunto de valores que una comunidad posee, que ha ido conservando y enriqueciendo al paso del tiempo, que la define como conjunto. Es su cultura. Y ese patrimonio cultural es el que habrá de entregar a cada uno de sus integrantes jóvenes para que, a su vez, lo cultive, lo transforme y lo entregue a la siguiente generación.

La diferencia entre la ciudad y el campo es la siguiente.

En la ciudad las personas viven separadas, se lucha diariamente para triunfar. Se considera como triunfo que una persona posea cosas: dinero, casa, cama, ropa, closet, televisión, dinero, refrigerador, lavadora, carro, dinero, computadora, internet, dinero, tarjeta de crédito con dinero. Que tenga participación en la sociedad: estudios, fiestas, novios o novias, viajes, trabajo, buen sueldo, diversión (fútbol, alcohol, cigarrillos), amistades.

La vida urbana mide el éxito por lo que una persona tiene, no por lo que sabe ni por sus aspiraciones.

En el campo, las comunidades tradicionales ponen, por encima de todo, la sobrevivencia de la comunidad, todos los lazos que existen entre los individuos son para sustentar la vida comunal. Cada uno de los individuos sabe que si su comunidad está bien, todos estarán bien. Los individuos ocupan cargos de responsabilidad según las necesidades de la comunidad, no de los individuos. Las actividades sociales, artísticas, productivas, religiosas, educativas de una comunidad tradicional responden a sus necesidades de sobrevivencia y desarrollo.

En la ciudad no se entienden estas relaciones, por eso maestras y maestros atentan contra las tradiciones, sin saber que de esa manera están atentando contra la comunidad misma.

Algo diferente son las costumbres, éstas se establecen mediante el uso de una actividad a través del tiempo, a veces sirven para enriquecer a la tradición, a veces para socavarla.

La costumbre de fumar y tomar alcohol se ha convertido en uno de los más temibles enemigos de la tradición, de las comunidades, de las personas. Pero también en las ciudades existe esa mortal costumbre.

Las comunidades ejercen su derecho a vivir como les conviene, pero constantemente son agredidas por las campañas citadinas, particularmente la poderosa y perniciosa presencia de la televisión y la radio comerciales, que ingresan basura a los hogares, ya sean urbanos o campesinos. Un virtual atentado a los derechos humanos en nombre de la libertad de expresión.



José Luis Rodríguez Ávalos.
Guadalajara, Jalisco.
Promotor cultural, productor de radio
y televisión, director de teatro, escritor.
Premio Nacional de Promoción
de la Cultura, México 2002.
Fundó el Colectivo Artístico Morelia