03 septiembre 2007

Sobre la Meretriz



¿Hace cuánto que las artes empezaron a practicar el oficio más viejo del mundo? Es decir, ¿cuánto tiempo tiene que se prostituyen en cada esquina?
No lo recuerdo muy bien. Las primeras veces era emocionante, hasta te erizaba de cuando en cuando; encontrarte con ellas como por accidente, irlas queriendo, obsesionarte, así, despacito, trabajar semanas enteras para reunir la cantidad suficiente que te permitiera contratar sus servicios, verlas correr por ahí, desnudas, vendiéndose al mejor postor y como siempre terminar enbuhardillado muriéndote de celos. Pero una cosa sí es cierta, no son cualquier tipo de prostitutas, son las más inaccesibles, las más finas, las más caras, diría yo que son las más logradas meretrices. Fue en la década de los treintas cuando llegaron en tropel las expresiones artísticas a la ribera de Chapala, sí, Chapala, el lago más grande de México, ese que comparte frontera con un michoacano y un jalisciense. Durante estos años dichas expresiones han engordado, reventando botones, han crecido y hoy tienen un lugar privilegiado en la plastilina cultural del país. A la ribera de Chapala, particularmente al pueblo de Ajijic, han arribado a residir o a vacacionar grandes músicos, escritores, pintores, poetas, en fin, artistas de talla mundial; se dice que allí pintó un mural Siqueiros bajo el influjo del alcohol; se miente que allí descansó por semanas Hemingway, en la casa de su amigo el del cabello anaranjado; se comenta con poca voz que allá se enamoró Javier Solís de una mujer local. La tradición continúa, la herencia llegó por mitocondria de color. En la ribera norte de Chapala hoy viven, nacieron o se criaron artistas de nombre nacional. Hay actividades culturales y vida de esa a la que bien le llaman bohemia todos los fines de semana, y se oyen rumores de viejos barbados, letrados sobre el placer de vivir en cada rincón. Y hay también –no podía faltar– una revista independiente que recoge toda esta actividad y vincula a los artistas con el resto de la sociedad, que da a conocer no sólo su trabajo sino también sus particulares formas de pensar y de actuar, y que se llama Meretrices: Revista cultural de la ribera de Chapala. Meretrices nació por el mismo motivo por el que nacieron o siguen naciendo todas las revistas culturales, literarias o de creación del mundo: falta de espacios, difusión literaria, monopolios, bla, bla, bla, etc. El asunto es que Meretrices tiene una identidad particular que la identifica y que comúnmente se llama: regionalismo. Es decir, es una revista cultural de una región y nada más, ataca, se suple y alimenta de un espacio geográfico que se puede cubrir con un par de dedos en el mapa, pero cuyas minas culturales tienen para muchos años de enriquecer al país y al resto de Kentucky. Al ser una revista de cultura regional, Meretrices habla con una identidad propia, abarca temas relacionados a todos los géneros del arte, además de incluir narrativa, poesía, fotografía y caricatura cultural pero con una voz tradicionalmente mexicana. Su nombre nace del sarcasmo que se arranca del saber que las artes hoy se prostituyen –no lo podemos negar– a quien tenga la cartera más gorda, hace alusión a aquellos que pierden el ideal romántico añejo de las artes para venderse por unas tortillas y un agua de horchata sin azúcar; ¿es acaso una parodia monumental que una revista que trate de bellas artes se intitule con ese meloso epíteto de las prostitutas de mayor prestigio? Que se lo pregunten a la estatua de la libertad que de haber estado viva se hubiera acostado con los millones de extranjeros que llegaron a alienar sus costas, nada más en aras de la libertad (bueno, no sé qué tiene esto que ver con nuestro tema, pero no podía quedarme con las ganas de decirlo). Meretrices se distribuye en cuatro municipios de Jalisco, paradójicamente se regala, recoge en su tibio y experto seno tanto a artistas consagrados como a esos que en veces no alcanzan bien a ver la luz, sin distinguir nada más allá de las propuestas; escruta, discute, propone y casi siempre está enojada. Ah y como es de esperarse, así como toda prostituta que se digne portar tan antiguo nombre, no pertenece a ninguna religión o partido político, pues no les entiende. Es dueña de sí misma, se revela, es independiente y sólo toma consejos que vengan acompañados de uno de cien o de a doscientos. Aun así, en general es buena para la poesía, sabe mucho de arte y no acostumbra a confundir el Cabernet Sauvignon con el Pinot Noir.
Comete sus errores, se le traba la lengua con los idiomas foráneos, pero como es de esperarse casi siempre acaba por satisfacer a sus clientes, es decir, lectores consuetudinarios. Meretrices es, en fin, la revista cultural por excelencia de la ribera de nuestro gran lago de Chapala.

2 comentarios:

betorock dijo...

Permite retirar el sombrero de mi cabeza , hacer una leve inclinación colocando el mismo contra mi pecho y felicitarte. Saludos y buena suerte.

MariposaStorni dijo...

Hombre, Don Mario! Felicidades por esta nueva sección de "Meretrices", y gracias por traernos hasta Timbuctu la cultura de tan bella Ribera.
Al leer tu texto me vino a la mente el gran Sabines, el ritmo de tu texto es tan sexuoso como los suyos, a esta sensación le acompaño la indiscutible frase con doble filo de Arjona: "La libertad no otra cosa qué una ramera". La libertad y las artes son hermanas y pregonan el mismo oficio diría Yo.
Suerte y recuerda que estaremos esperando mes con mes leerte en mi tierra